Domingo, 24 de enero de 2010

El Concilio del Vaticano II: La renovación de la Iglesia

A partir de la Segunda Guerra Mundial se aceleraron los cambios sufridos por la sociedad internacional. La Iglesia Católica reconoció la necesidad de adaptarse a esos cambios y amoldarse de esa manera a la realidad del momento. La Iglesia inició así un proceso de "puesta al día".

Esta obra la llevaron a la práctica dos pontífices renovadores: Juan XXIII y Pablo VI. El primero expresó sus afanes reformistas y los manifestó con claridad a través de dos encíclicas: Madre y Maestra (Mater et Magistra) -en la que trata la doctrina social de la Iglesia- y Paz en la Tierra (Pacem in Terris) -en la que aboga por la convivencia entre pueblos y Estados-.

En 1959, Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II (reunión de las altas jerarquías de la Iglesia para tratar asuntos eclesiásticos) para discutir sobre temas de orden teológico y social con el fin de rejuvenecer y actualizar la postura de la Iglesia. Al mismo tiempo se inició un movimiento de apertura hacia los cristianos no católicos , las demás religiones del mundo y aun los no creyentes. Tras largos años de cuidadosa preparación, el Concilio (que constó de cuatro etapas) comenzó en Roma en 1962. A las sesiones concurrieron 2.300 obispos del mundo, delegados de las Iglesias protestantes, anglicana y ortodoxa; laicos, mujeres y periodistas.

Al morir Juan XXIII, el nuevo pontífice, Pablo VI, continuó su labor en relación al Concilio, que conluyó en 1965. En él se determinó la adaptación de la Iglesia y su liturgia a los nuevos tiempos, a través del uso de las lenguas vernáculas así como de un lenguaje más simple: la propuesta de una mayor participación del laico en la iglesia; el acercamiento a las demás religiones mediante la práctica del ecumenismo, y la salvación del mundo por medio de la proyección de la Iglesia en él. Así se inició una nueva etapa en su historia.


Publicado por tabor @ 12:09  | Contexto socio-politico
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