Mi?rcoles, 10 de febrero de 2010

La parroquia

 

       Por otro lado, la comunión eclesial «aún conservando siempre su dimensión universal, encuentra su expresión más visible e inmediata en la parroquia. Ella es la última localización de la Iglesia; es, en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas»[1]. Por ello, el Papa nos dice que:

 

       Es necesario que todos volvamos a descubrir, por la fe, el verdadero rostro de la parroquia; o sea, el "misterio" mismo de la Iglesia presente y operante en ella. Aunque a veces le falten las personas y los medios necesarios, aunque otras veces se encuentre desperdigada en dilatados territorios o casi perdida en medio de populosos y caóticos barrios modernos, la parroquia no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio... [sino que]...está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística[2].

 

       Al ser una comunidad de fe y una comunidad orgánica, constituida por fieles cristianos y presidida por el párroco como representante del Obispo diocesano, la parroquia es una comunidad idónea para celebrar la Eucaristía, en la cual está la raíz viva de su edificación y el vínculo sacramental de su existir en plena comunión con toda la Iglesia. De este modo, la parroquia es vínculo jerárquico con la Iglesia particular[3].

 

       La Christifideles laici resalta lo indispensable de la misión que en la actualidad le toca a la parroquia y, haciéndose eco de lo solicitado por los Padres sinodales, exhorta a las autoridades locales a una decidida renovación de las parroquias, favoreciendo:

 

a)         La adaptación de las estructuras parroquiales, sobre todo mediante la participación de los laicos en las responsabilidades pastorales.

b)         La promoción de pequeñas comunidades que sean verdaderas expresiones de la comunión eclesial y centros de evangelización en comunión con sus Pastores.

c)         Formas institucionales de cooperación entre las diversas parroquias de un mismo territorio.

d)        Una apertura cada vez mayor de los fieles a la Iglesia particular, así como una mayor cooperación en el ámbito diocesano, interdiocesano, nacional o internacional, teniendo presente las necesidades del Pueblo de Dios esparcido por toda la tierra[4].



[1]        CfL, 26: AAS 81 (1989) 437-438.

[2]        CfL, 26: AAS 81 (1989) 437.

[3]        Cfr. EA, 41: AAS 91 (1999) 776-777.

[4]        Cfr. CfL, 25-26: AAS 81 (1989) 436-440.


Publicado por tabor @ 11:58  | Eclesiologia del Vat. II
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios