Mi?rcoles, 10 de febrero de 2010

Desde nuestro Movimiento ecleisal "DE Jerusalen a Betania": Caminos de vida cristiana, estamos en camino para vivir el Concilio Vaticano II.
(Web: http://www.betaniajerusalen.com

       De todo lo dicho, podemos afirmar que una comunidad es cristiana en la medida en que está en comunión con Dios, con los hermanos –incluida la comunión jerárquica, en sus distintos aspectos y grados– y con el mundo, hasta el amor al enemigo. Así hace presente y edifica el Reino de Dios. La Iglesia es comunidad convocada por la Palabra; comunidad de fe, de vida y de amor; comunidad litúrgica, sobre todo eucarística, y de oración; comunidad en diálogo; comunidad evangelizadora y misionera hasta el extremo.

 

       Evidentemente, esta tarea excede la mera capacidad humana. Por ello hemos empezado presentando a la Trinidad como fuente de la Iglesia-Comunión. Edificar la comunidad es tarea fundamentalmente de Dios, del Espíritu Santo, pero requiere –así lo ha querido Él– la participación del hombre. Por su parte, Jesús ha prometido: «Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

 

       Siendo pues segura la gracia de Dios, es necesario revisar constantemente la respuesta que le damos como Iglesia. Permítasenos, entonces, terminar transcribiendo algunas preguntas formuladas por Juan Pablo II cuando nos preparábamos para el Gran Jubileo del Año 2000:

 

       ¿En qué medida la Palabra de Dios ha llegado a ser plenamente el alma de la teología y la inspiradora de toda la existencia cristiana, como pedía la Dei Verbum? ¿Se vive la liturgia como "fuente y culmen" de la vida eclesial, según las enseñanzas de la Sacrosanctum Concilium? ¿Se consolida, en la Iglesia universal y en las Iglesias particulares, la eclesiología de comunión de la Lumen Gentium, dando espacio a los carismas, los ministerios, las varias formas de participación del Pueblo de Dios, aunque sin admitir un democratismo y un sociologismo que no reflejan la visión católica de la Iglesia y el auténtico espíritu del Vaticano II? Un interrogante fundamental debe también plantearse sobre el estilo de las relaciones entre la Iglesia y el mundo. Las directrices  conciliares –presentes en la Gaudium et spes y en otros documentos– de un diálogo respetuoso y cordial, acompañado sin embargo por un atento discernimiento y por el valiente testimonio de la verdad, siguen siendo válidas y nos llaman a un compromiso ulterior[1].

 

       Nos encontramos ya en el tercer milenio de la era cristiana. Guiada por Benedicto XVI y recordando a Juan Pablo II, la Iglesia universal ha cruzado el «umbral de la esperanza» con la certeza de que se encamina a una «nueva primavera del cristianismo»[2]. Es muy importante, por tanto, que la Iglesia se presente, lo más posible, «unida y misionera»; ligada por la caridad en torno al único Señor y, al mismo tiempo, proyectada por el Espíritu Santo a la evangelización del mundo y la salvación universal[3].

 

En estos apartados de la Eclesiologia del Concilio VaticNO II, hemos seguido la esposición de Javier Del Río.

 



[1]        TMA, 36: AAS 87 (1995) 28-29.

[2]        RM, 2: AAS 83 (1991) 250.

[3]        Cfr. Juan Pablo II, Udienza alle famiglie del Cammino Neocatecumenale (12-13.XII.1994) 1: L'Osservatore Romano (13.XII.1994) 7.


Publicado por tabor @ 12:19  | Eclesiologia del Vat. II
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