Viernes, 07 de enero de 2011

UNA CRISTOLOG?A QUE NO SE PUEDE PROPONER


A fines de octubre de 1991, Dossetti me llev? cort?smente a leer el discurso que le hab?an encargado por el centenario del nacimiento de Lercaro. "Exam?nelo, modif?quelo, agregue o quite con libertad", me dijo. Era ciertamente sincero: en ese momento hablaba el hombre de Dios y el presb?tero fiel.

Lamentablemente, encontr? efectivamente algo que no encajaba. Era la idea, presentada por Dossetti con fervor, que as? como Jes?s es el Salvador de los cristianos, del mismo modo la Torah, la ley mosaica, es tambi?n el camino hacia la salvaci?n para los jud?os. Esta aseveraci?n estaba tomada de un autor alem?n contempor?neo, y era grata para Dossetti, posiblemente porque entreve?a la utilidad a los fines del di?logo judeo-cristiano.

Pero como primer responsable de la ortodoxia en mi Iglesia, jam?s habr?a podido aceptar que se pusiera en duda la verdad revelada que Jesucristo es el ?nico Salvador de todos. [...]

"Don Giuseppe, ? le dije ? ?pero jam?s ha le?do las p?ginas de san Pablo y las narraciones de los Hechos de los Ap?stoles? ?No le parece que en la primera comunidad cristiana el problema era directamente el contrario? En esos d?as era indudable y firme que Jes?s era el Redentor de los jud?os; se discut?a si acaso tambi?n los gentiles podr?an ser plenamente alcanzados por su acci?n salvifica".

Entre otras cosas, ? me dec?a entre m? ? no hay que olvidar una peque?a frase de la Carta a los Romanos, en ese pasaje en el que dice que el Evangelio de Cristo ?es potencia de Dios para la salvaci?n de todo el que cree, del jud?o primero y luego del griego? (cfr Rm 1, 16).

Dossetti no estaba acostumbrado a renunciar a ninguna de sus convicciones. Al final, aqu? cedi? frente a mi advertencia que, en este caso, lo interrumpir?a y refutar?a p?blicamente. ?l se permiti? pronunciar esta sola expresi?n: "No parece que sea conforme al pensamiento de san Pablo decir que el camino de la salvaci?n para los cristianos es Cristo, y para los jud?os es la Ley mosaica". No hab?a nada de err?neo en esta frase, y yo no puse objeciones, aun cuando lo que yo habr?a preferido hubiera sido no insinuar siquiera una opini?n teol?gicamente un tanto aberrante.

Este ?incidente? me hizo reflexionar mucho y lo juzgu? r?pidamente como de extrema gravedad, aunque en ese momento no lo habl? con nadie. Toda alteraci?n de la cristolog?a compromete fatalmente toda la perspectiva de la ?sacra doctrina?. En un hombre de fe y de sincera vida religiosa, como era don Dossetti, era veros?mil que el desliz fuese consecuencia de una ambigua e inexacta impostaci?n metodol?gica general.


Publicado por tabor @ 11:15
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