Jueves, 03 de marzo de 2011

Breve repaso: Tradici?n, Escritura y Magisterio

Explica el Catecismo (en sus numerales 76-87) que la transmisi?n del evangelio se hizo de dos maneras: oralmente y por escrito (2 Tesalonicenses 2,15). Explica tambi?n que con la finalidad de que el evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia los ap?stoles nombraron como sucesores a los obispos dej?ndoles a su cargo el magisterio.

Esta transmisi?n viva del evangelio que llamamos Tradici?n est? estrechamente ligada a la Escritura y por de ella la Iglesia transmite a todas las edades lo que es y lo que cree. La Tradici?n y la Sagrada Escritura est?n ?ntimamente unidas y compenetradas porque surgen ambas de una misma fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin.

Mientras la Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiraci?n del Esp?ritu Santo, la Tradici?n recibe la palabra de Dios encomendada por Cristo y el Esp?ritu Santo a los ap?stoles, y la transmite ?ntegra a los sucesores; para que ellos, iluminados por el Esp?ritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicaci?n.

Es importante se?alar que el oficio de interpretar aut?nticamente la palabra de Dios, oral o escritura, ha sido encomendado s?lo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo, es decir, a los obispos en comuni?n con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma.

Desde los m?s tempranos tiempos de la historia de la Iglesia los cristianos han sostenido que la Teolog?a debe ser formulada de acuerdo con estos tres principios. La Escritura y la Tradici?n sirven como principios materiales de Teolog?a mientras que el Magisterio sirve como su principio formal, lo que quiere decir que mientras en los primeros se encuentra contenida la Revelaci?n, en el segundo reside el oficio de dar la correcta interpretaci?n de la misma. Constituyen as? el tr?pode en base al cual se formulan todas las verdades cat?licas.

?Qu? sucede si se rechaza la Tradici?n o el Magisterio?

As? como un tr?pode si le falta una pata se cae, lo mismo sucede con quien pretende hacer teolog?a pero rechaza cualquiera de los tres elementos anteriores: En pocas palabras, corre el riesgo de malinterpretar las Escrituras, o de malinterpretar la Tradicion, lo cual expone a un riesgo adicional: el de caer en la disidencia (al rechazar ense?anzas no definitivas del Magisterio), herej?a (al negar una verdad que ha de creerse con fe divina y cat?lica, o la duda pertinaz sobre la misma) o inclusive en cisma (rechazo de la sujeci?n al Sumo Pont?fice o de la comuni?n con los miembros de la Iglesia a ?l sometidos).

Los padres de la Iglesia siempre alertaron sobre las desviaciones de quienes intentaban usurpar el lugar del Magisterio para imponer su propia concepci?n de la fe. No en balde San Agust?n reafirmaba su sujeci?n a la autoridad de la Iglesia escribiendo a los maniqueos: ?No creer?a en el Evangelio, si a ello no me moviera la autoridad de la Iglesia cat?lica? (San Agust?n. C. ep. Man. 5,6; cf. C. Faustum 28,2).

As? como San Agust?n atribuye la herej?a a la soberbia (De Doct. Christ., praef. 2; Ep. 208,2), Santo Tom?s a la sobrevaloraci?n del propio juicio (S. Th. II-II 5,3.), porque ?no presta su asentimiento a todo cuanto ense?a la Iglesia, sino que admite las que quiere y excluye las que no quiere, siguiendo as? su propia voluntad? . Y aunque no es materia de este estudio entrar en el ?mbito de la responsabilidad concreta de cada persona en particular, se puede afirmar sin temor a equivocarse que todo aquel bautizado que rechaza la autoridad del Magisterio ya sea con ignorancia invencible o no, termina usurpando su oficio.

Si examinamos la historia veremos que una y otra vez las herej?as y cismas tienen este factor com?n: Un Cism?tico y/o heresiarca que se proclama due?o de la verdad y convence a otros de que lo es. Y esta historia se sigue repitiendo cada vez que alguien ?sobrevalora su propio juicio? por sobre el juicio de la Iglesia.

Paralelos en la historia

1. El conflicto judaizante

El primer conflicto que enfrent? la Iglesia primitiva narrado en Hechos 15 y al que hacen referencia numerosas veces las cartas de Pablo (especialmente Romanos y G?latas).

Ocurri? luego de que un conjunto de fariseos conversos al cristianismo quisieran forzar a los primeros cristianos a circuncidarse seg?n mandato de la Ley jud?a que la ordenaba como se?al de la alianza perpetua entre Dios y su pueblo: ??sta es mi alianza que hab?is de guardar entre yo y vosotros - tambi?n tu posteridad: Todos vuestros varones ser?n circuncidados?A los ocho d?as ser? circuncidado entre vosotros todo var?n, de generaci?n en generaci?n?como alianza eterna.? G?nesis 17,10-13.

Se re?ne la Iglesia en Concilio y ocurre la primera interpretaci?n-actualizaci?n de la Tradici?n. El Magisterio ejercitando su oficio de int?rprete autentico de la Revelaci?n diferencia aquello que es temporal de aquello que permanece. En aquella ?poca hubo quienes se resistieron a lo decretado por la Iglesia rechazando el Concilio de Jerusal?n y perseverando en judaizar, sin embargo, hoy de sus doctrinas no queda ni el polvo.

2. Donatistas

Cisma del siglo IV. Los donatistas sosten?an que la Iglesia se compon?a de los buenos y que los malos estaban excluidos; quienes hubieses rehuido el martirio durante las persecuciones de las etapas precedentes y los que no estuvieran dispuestos a aceptarlas llegado el caso no segu?an perteneciendo a la Iglesia y por tanto sus sacramentos eran inv?lidos.

Para los donatistas la Iglesia de Roma y las iglesias comuni?n con ella estaban condenadas por haber admitido en su seno a falsos cristianos, siendo ellos el reducto fiel, la verdadera Iglesia fiel a la Tradici?n.

Los resultados fueron desastrosos: su fanatismo exagerado se manifest? en cruentas persecuciones de cat?licos, mat?ndolos y quemando sus altares, echaron a los perros sus formas consagradas y por regusto al martirio recurrieron al suicidio colectivo. (Es imposible no notar aqu? una similitud entre la actitud de los entonces donatistas, con la de los lefebvristas)


Publicado por tabor @ 11:54  | Eclesiologia del Vat. II
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