S?bado, 05 de marzo de 2011

?

??

? "En nuestros tiempos, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia m?s que de la severidad. Piensa que hay que remediar a los necesitados mostr?ndoles la validez de su doctrina sagrada m?s que conden?ndolos... La Iglesia cat?lica, al elevar por medio de este Concilio ecum?nico la antorcha de la verdad religiosa, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para los hijos separados de ella." (Palabras de ?Juan XXIII en el inicio del Concilio).

El Concilio Vaticano II, supuso una actualizaci?n del tesoro doctrinal de la Iglesia, para acercarlo a la mentalidad y a las exigencias del hombre de hoy. Por eso, de la adhesi?n renovada, serena y tranquila, a todas las ense?anzas de la Iglesia, en su integridad y precisi?n... el esp?ritu cristiano, cat?lico y apost?lico de todos espera que se d? un paso adelante hacia una penetraci?n doctrinal y una formaci?n de las conciencias que est? en correspondencia m?s perfecta con la fidelidad a la aut?ntica doctrina, estudiando ?sta y poni?ndola en conformidad con los m?todos de la investigaci?n y con la exposici?n literaria que exigen los actuales m?todos.

?

La moral tiene unos principios permanentes. Se fundan en la misma naturaleza, que es inalterable, y en el plan de Dios al elevar al hombre al orden sobrenatural. La teolog?a moral tiene como fin descubrir, afirmar y aclarar esos principios para estructurar sobre ellos la conducta moral del hombre. Las normas de vida han de tener en cuenta las condiciones concretas de los hombres y las circunstancias en que se desarrolla su actividad. No son, por lo tanto, inalterables. Pueden cambiar y cambian de hecho cuando cambian aquellas condiciones o estas circunstancias.

La presentaci?n de la Iglesia como sacramento del mundo, da un relieve m?ximo a la caridad en las relaciones con todos los que viven fuera de la Iglesia cat?lica. Las normas morales que han de regir nuestro trato con los hermanos separados y con los no cristianos, habr? de modificarse seg?n ese esp?ritu de comprensi?n, de di?logo y de reconocimiento de nuestra mayor responsabilidad.

El llamamiento general a la santidad, incluso con el esp?ritu de los consejos evang?licos, que recuerda el Concilio?: todos los fieles de cualquier estado o r?gimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci?n de la caridad, que es una forma de santidad que promueve aun en la sociedad terrena un nivel de vida m?s humano (LG 40) y el camino que se?ala a todos para conseguirla todos los fieles cristianos, en cualquier condici?n de vida, de oficio o de circunstancias, y precisamente por medio de todo eso, se podr? santificar de d?a en d?a, con tal de recibirlo todo con fe de la mano del Padre celestial, con tal de cooperar con la voluntad divina manifestando a todos, incluso en una servidumbre temporal, la caridad con que Dios am? al mundo (LG 41).

La asc?tica pretende, precisamente, ofrecer a los hijos de Dios los medios adecuados para llegar a la edad de la plenitud de Cristo. La renovaci?n asc?tica habr? de ser, pues, una consecuencia del enriquecimiento dogm?tico y de la nueva orientaci?n de la moral que nos ha ofrecido el Concilio.

?

?


Publicado por tabor @ 11:45  | Viviendo el Concilio
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios