Jueves, 23 de junio de 2011

LA LIBERTAD SILENCIADA
Fernando Torres P?rez
URL: http://www.elmundo.es/

?D?nde? Pues ni en Afganist?n ni en cualquier otro pa?s extra?o y lejano. Aqu? y ahora. Algo bien real. La jerarqu?a de nuestra Iglesia est? acallando a los te?logos, reduci?ndolos al silencio. Poco a poco. Pero los hechos son los hechos. Lo que sucede es que esos hechos no salen a la luz a causa del medio que la Iglesia ha escogido ?ltimamente para reducirlos al silencio. Cada vez hay menos acusaciones o procesos p?blicos. Eso pertenece al pasado. Ahora los m?todos son otros.

Tampoco es un ataque general contra los te?logos. Se dirige contra algunos. Contra aquellos que han querido sacar todas las consecuencias del Concilio Vaticano II, que han ido haciendo su teolog?a como reflejo y resultado de la experiencia de fe de tantas comunidades cristianas que se han esforzado por comprometerse en la construcci?n aqu? y ahora del Reino de Dios en di?logo abierto con este mundo y esta sociedad. Por eso la actitud de la Iglesia jer?rquica preocupa y duele m?s. Se est?n podando las ramas m?s vigorosas de la Iglesia, all? donde se produce una cualidad excepcional de testimonio cristiano.

El procedimiento es muy simple. Un buen d?a, el te?logo de turno recibe una carta. Viene de su obispo o de su superior religioso. La carta es personal porque generalmente existe ya una relaci?n previa de conocimiento mutuo, incluso de amistad, entre ambos. En esa carta y con palabras de amigo se le comunica que de la Santa Sede se han recibido unas quejas concretas sobre su ?ltimo libro o art?culo. Y se le env?an adjuntos unos folios en los que figuran las objeciones a las que el te?logo debe responder cuanto antes. Por ninguna parte aparecen los criterios con los que se ha le?do la obra y qui?n ha sido el acusador. El superior u obispo de turno pide, por supuesto, al te?logo que guarde silencio y que responda cuanto antes al cuestionario. El superior u obispo tiende a colocarse en un lugar neutral. Entiende que s?lo hace de transmisor.

El proceso contin?a con el env?o de la respuesta, razonada y pensada las m?s de las veces en la presencia del Se?or, porque la inmens?sima mayor?a de nuestros te?logos son hombres y mujeres de profunda fe, al superior jer?rquico de quien se recibi?. El o ella se encargar? de enviarla por el conducto jer?rquico adecuado hasta su origen (?no suena todo esto m?s propio del mundo militar que de la comunidad cristiana?). All?, la respuesta, suponemos, es evaluada. El proceso puede continuar con nuevas objeciones y nuevas respuestas, hasta que se proceda a tomar la decisi?n final, que le ser? comunicada al sujeto ?juzgado? por su superior jer?rquico.

Todo el proceso se realiza a trav?s de intermediarios. El te?logo nunca se enfrentar? directamente a los que le juzgan. En el fondo la jerarqu?a eclesial no reconoce al te?logo o te?loga la suficiente entidad en cuanto individuo como para constituirse como persona en todo este proceso. Son partes de una instituci?n jer?rquica. Al final es un asunto de obediencia que debe resolverse entre el superior inmediato jer?rquico y el s?bdito. En realidad, el problema es m?s del superior que del te?logo ?juzgado?, por no saber ejercer adecuadamente su autoridad y controlar como debiera a sus s?bditos. Se podr?a decir que la Santa Sede no ha hecho m?s que un servicio pastoral: ayudar al superior jer?rquico de nuestro te?logo a cumplir con su deber de garantizar la comuni?n eclesial y de mantener a todos sus s?bditos en un reba?o.

El proceso a veces termina en condena: la prohibici?n de ense?ar o/y de escribir sobre determinados temas. Pero la Santa Sede no ser? la que mande ni lo uno ni lo otro. Ser? el superior jer?rquico inmediato del te?logo o te?loga el que deba tomar la decisi?n, urgido eso s? por la autoridad superior, y comunic?rsela al s?bdito. En caso de que el proceso no termine en condena, provocar? ciertamente un da?o psicol?gico en la persona. Desde ese momento, el sujeto ?juzgado? se sentir? controlado y vigilado. Y lo ser?. Lo m?s probable es que en adelante se haga a s? mismo la censura, evitando escribir de esto o neg?ndose a hablar de aquel tema. Para no provocar. Hay que ser muy libres de esp?ritu para seguir escribiendo y diciendo lo que uno realmente piensa cuando en ocasiones el pan de cada d?a depende de esa c?tedra que los de arriba te pueden quitar cuando menos te lo pienses.

Este proceso lo sufren los afectados en silencio. Por amor a la Iglesia. Y por imposici?n de sus superiores. Me quito el sombrero delante de ellos y ellas y digo: ??Chapeau!?. Pero a m? nadie me ha impuesto silencio y creo que debo hablar. En su nombre. Para ser voz de los que no tienen voz. Por amor a esta Iglesia a la que siento de verdad como mi casa y que, como dice la plegaria eucar?stica V/b, debe ser, quiero que sea, ?un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz?.
No es uno s?lo ni una sola los que est?n en esa situaci?n. Son m?s, bastantes m?s. No me atrevo a poner nombres por respeto a ellos, que han decidido guardar silencio (a veces no tanto por ellos mismos cuanto por el bien de los centros en los que ense?an e investigan, que tambi?n los centros est?n bajo vigilancia). De los mejores, pocos se han salvado de esta experiencia.

Hace unos a?os tuve la oportunidad de entrevistarme con el cardenal Taranc?n. Ya estaba jubilado y se sent?a libre para decir lo que pensaba. Recuerdo que una de las cosas que dijo era que para saber lo que pensaba la jerarqu?a no hab?a que ir a los documentos sino a los nombramientos y a su forma de actuar. Aplicando ese criterio, se llega a la conclusi?n de que la jerarqu?a eclesi?stica de este tiempo no desea una comunidad de personas libres. Una comunidad de ese tipo es muy dif?cil de gobernar. Hay que dialogar mucho. Es dif?cil llegar a acuerdos. Prefieren la imagen del reba?o o de los peces en la red. El jerarca se identifica a s? mismo con el pastor o con el pescador. Al resto, a nosotros, nos toca apenas ser ovejas o peces atrapados en la red, sin posibilidad de encontrar nuestro camino. No queda m?s remedio que seguir a los jerarcas, iluminados, dicen, por la presencia del Esp?ritu.

En una sociedad de ese tipo, es normal que se pretenda silenciar a los que piensan y se expresan con libertad. Porque, no nos enga?emos, a nuestra jerarqu?a actual no le gusta en modo alguno la imagen de la orquesta sinf?nica para hablar de la Iglesia. Ni siquiera les gusta la imagen del canto polif?nico. Lo que les gusta es el canto a una sola voz. As? se descubre r?pidamente a los que se salen del ?nico camino existente. Se les puede se?alar claramente e invitarles de muchas y variadas maneras a que vuelvan al redil, al coro.

En el fondo, el Concilio Vaticano II todav?a no ha calado del todo en la mente de la jerarqu?a eclesial. No quiero decir que no haya honradas excepciones. Pero en cuanto cuerpo no terminan de sentirse c?modos con una sociedad que, como dec?a Pablo VI en la Octogessima adveniens, experimenta ?una doble aspiraci?n m?s viva a medida que se desarrolla su informaci?n y su educaci?n: aspiraci?n a la igualdad, aspiraci?n a la participaci?n, formas ambas de la dignidad del hombre y de su libertad? (n. 22) y ?trata de promover un tipo de sociedad democr?tica" (n. 24). ?Ser? que esas palabras no valen para la comunidad cristiana?

Es tiempo, por tanto, de denunciar sin miedo esta situaci?n. Para que sepamos a qu? atenernos. Para que no seamos como esos ciudadanos de algunos pa?ses donde se practic? largamente el racismo o la intolerancia y luego dicen que no sab?an nada. Es tiempo de denunciar el uso y abuso de la obediencia como servilismo a la jerarqu?a eclesi?stica que se cree due?a en exclusiva del Esp?ritu y que no se siente obligada en absoluto a escuchar y aprender de los otros carismas eclesiales. Es tiempo de rebelarse en nombre de la obediencia al Esp?ritu para que no hagan de la Iglesia un lugar de esclavitud. Es tiempo de luchar por la libertad de los hijos de Dios. Es tiempo de hacer algo porque, si no lo hacemos, cada vez nos quedaremos m?s encogidos. Cada vez los niveles de auto-censura ser?n mayores para evitar provocar a los que est?n arriba. Cada vez ser? mayor el silencio. Cada vez mayor el miedo. Y una Iglesia donde existe el miedo, donde las personas no se atreven a hablar con libertad tiene muy poco o nada que ver con el Evangelio de Jes?s.

[Nota] *Fernando Torres P?rez es sacerdote y director de Publicaciones Claretianas. El autor, uno de los m?s altos responsables de la orden claretiana en Espa?a, critica abiertamente en su art?culo el pensamiento ?nico de la jerarqu?a de la Iglesia Cat?lica y explica el proceso de enmudecimiento al que se somete a los te?logos discordantes. Por su innegable inter?s, como documento testimonial sobre el funcionamiento de la actual ICAR, es por lo que la Redacci?n de El esc?ptico Digital ha decidido incluirlo en el presente n?mero. Consideramos que, en este sentido, no tiene desperdicio.


Publicado por tabor @ 12:25  | Viviendo el Concilio
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