Martes, 31 de julio de 2012

Elementos para vivir una espiritualidad de comunión.

1. “Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado”. Dos aspectos hemos de tener presentes: -Una mirada al misterio de la Trinidad que habita en nosotros. Decía san Pablo: ¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros”? Fuimos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Necesitamos tomar conciencia de esa presencia divina en cada uno de nosotros por lo cual somos dignos de veneración y respeto. Cada persona es sagrada, una catedral o sagrario donde el Señor habita. -Pero también esta realidad de la presencia de Dios en nosotros es necesario que la reconozcamos en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. ¿Cómo mejorarían nuestras relaciones fraternas si tuviéramos viva esta presencia de Dios en los hermanos. Esto ya lo dejó bien claro Jesús cuando nos dijo: “Lo que hicisteis con uno de estos mis hermanos, a Mí me lo hicisteis”. (Mt 25). Con estas palabras proclamó su presencia real en los demás. En la conversión de San Pablo camino de Damasco también se confirma esta gran verdad. Dice el Señor: “Saulo, Saludo, ¿por qué me persigues? ... Yo soy Jesús a quien tú persigues”. San Pablo podía haber respondido: Yo no te persigo a ti, Señor, persigo a los cristianos”. Pero desde entonces comprendió que perseguir a un cristiano y a cualquier hermano es hacerlo al mismo Jesús.

2. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como "uno que me pertenece", para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. En este elemento segundo también tenemos que considerar dos partes: -“La capacidad de sentir a mi hermano como miembro vivo del Cuerpo místico de Cristo y por tanto es algo que me pertenece”. El cuerpo humano está compuesto de múltiples miembros. Por ejemplo: En la cabeza encontramos ojos, oídos, boca, dientes. Y en el resto del cuerpo, nos podemos fijar en las manos, dedos, uñas. Pies, corazón y diversos órganos. Todos diferentes y todos unidos. Basta que se me clave una espina en el pie, para que todos los miembros se interesen por ese miembro que sufre. Esta es la clásica comparación que exponía san Pablo en su carta a los Corintios. De donde se deduce que cada persona, aunque sea muy diferente, “es algo que me pertenece” como un miembro de mi propio cuerpo. No me puedo quedar indiferente. -Si tomo conciencia de esta realidad cristiana, si siento que cada persona es algo que me pertenece, sabré compartir mejor “sus alegrías y sufrimientos... atender sus necesidades y ofrecerle mi amistad”.

3. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un "don para mí", además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. El tercer rasgo de la espiritualidad de comunión es muy claro, concreto y humano. Podemos comentar varios aspectos: - “Capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro”. En general, tendemos con mucha facilidad a fijarnos en las notas negativas de los demás: El mal genio, las manías y rarezas de su carácter, su mal comportamiento en el trabajo o sus males contestaciones que nos da. Aquí se nos invita a fijarnos principalmente en lo positivo, en sus cualidades, en sus virtudes y buenos ejemplos. ¿Adónde nos lleva todo esto? Sencillamente a juzgar, despreciar y criticar a esas personas con las cuales tenemos que convivir. El refrán popular dice: “Piensa mal y acertarás”. Pues esto es falso y poco cristiano. Habría que cambiarlo por este otro: “Piensa bien y acertarás”. - Si nos ejercitamos cada día en descubrir todo lo bueno y positivo que tienen las personas, esto nos ayudará a “acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un "don para mí". Con gran perfección vivía este detalle San Francisco cuando decía en su Testamento: “El Señor me dio la gracia de tener hermanos”. Sin buscarlos, Francisco se encontró con que el Señor le regalaba hermanos para compartir su vida, y lo consideraba como un precioso don. A todos nos gusta y agrada recibir regalos, pero el mayor regalo tiene que ser siempre, mucho más que un objeto, una persona o unas personas con quienes vivimos y compartimos nuestra vida. En la iglesia dios nos regala esta hermosa realidad, depende de nostros hacerla realidad. -Y si es un regalo para mí, también es “un don para el hermano que lo ha recibido directamente”. El vivir unidos en fraternidad y toda clase de amistad nos enriquece mutuamente. Santa Teresa decía que “el amor crea amor”. Y el salmista canta: “¡Qué bueno es ver a los hermanos unidos”!

4. La espiritualidad de la comunión es saber "dar espacio" al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias.” En este cuarto elemento que configura la espiritualidad de comunión también podemos comentar dos aspectos: Uno positivo y otro negativo. -En un plan positivo se nos pide algo muy concreto: Saber "dar espacio" al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2). Vivimos en mundo de prisas y de múltiples tareas, y a veces se nos pasa el día sin “dar espacio al hermano” para estar con él, escuchar y dialogar fraternamente. Este problema se da mucho en nuestra sociedad. Se quejan algunas familias de que falta la comunicación entre esposos y padres e hijos. A veces no se ven en casi todo el día. Y esto conlleva un enfriamiento del amor y de las relaciones. Un abandono también de los niños pequeños que tanto necesitan la presencia y abrigo de sus padres, o en los ancianos y enfermos que pasan los días solos y aburridos. Y lo que decimos de la familia, también se puede aplicar a las Comunidades Religiosas, o a los Grupos Cristianos. Necesitamos “dar espacio”, es decir, dar tiempo y acogida a las personas, dejando a un lado tantas prisas o un excesivo trabajo, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) -En un plan negativo, este cuarto elemento de la espiritualidad de comunión nos pide rechazar las tentaciones de egoísmo que “engendra competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias.” Todo esto abunda también en nuestras relaciones con los demás. Unas veces es la competitividad de ser mejores y hacer más cosas llamativas que los demás, y también ese clima de desconfianza mutua, acompañado de envidias y celos.

 


Publicado por tabor @ 12:54  | Eclesiologia del Vat. II
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