Viernes, 03 de agosto de 2012

Estado de la Cuestión

El camino de la eclesiología actual ha ido  presentando, en América  Latina, la figura de Jesucristo como la manifestación  del misterio salvífico de Dios. En otras palabras, es  preciso decir, que el Nuevo Testamento y su Buena Nueva es la  base para el estudio de la realidad. Así lo manifiestan  los siguientes textos bíblicos: "Bajo sus pies  sometió todas las cosas y le constituyó Cabeza  suprema de la Iglesia, que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo  llena todo en todo (Ef. 1,22)"; "porque el marido es cabeza de  la mujer, como  Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del cuerpo (5,23)";  "Él es también las Cabeza del Cuerpo, de la  Iglesia: Él es el principio, el Primogénito de  entre los pueblos, para que sea él el primero en todo (Col  1,18)". Y la Iglesia como heredera y partícipe de este  Mensaje debe estar inmersa, cada día más, en la  problemática que se presenta en su entorno.

Es así como la Iglesia Latinoamericana a partir  de la recopilación de experiencias propias, en el anuncio  y denuncio de situaciones injustas, en asumir lo acordado en el  Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla, Santo Domingo, se  ha ido involucrando con realidades cada vez más complejas  como es el caso de los desplazados, los migrantes los más  pobres dentro de la problemática propia de cada uno de los  países. "El llamado a la libertad  implica que el ser humano sea más. Esto es precisamente lo  que le niegan la explotación, la opresión y la  humillación. Lo más contrario al plan liberador de  Dios es la deshumanización de los oprimidos".

La Iglesia en su desarrollo  histórico afirma que su vida no sólo se convierte  en Misterio e Institución, sino también forma  comunidad en  íntima unión con Cristo y comunica los valores  dados desde la Palabra para el desarrollo de su misión y  vocación como mandato para construir justiciaservicio y  fraternidad. "Pero el actuar sacramentalmente en todos los  momentos de la historia es fruto del  Espíritu, del Espíritu de Cristo, ya desde el  comienzo. Porque la experiencia de Pentecostés clarifica  la experiencia anterior de los apóstoles e inicia algo  nuevo, que llamamos Iglesia".

La Iglesia comprometida con la realidad, en su diario  acontecer, va aglutinando una comunidad de hermanos que cada  día crece con la fuerza del  amor y del  compromiso hacia los más despojados, olvidados y sufridos;  misión que realiza con el anuncio salvífico de Dios  por medio de su Hijo. El cual anuncia el Reino de su Padre signo  de vida y ese Reino no debe ser lo contrario: "El Reino de Dios  no está allí donde hay poder,  prestigio y gloria; aunque sea el poder, el prestigio y la gloria  de la Iglesia de sus instituciones  y de sus jerarquías. El Reino está allí  donde hay gozo para los pobres y en los que luchan y mueren por  los derechos de los  pobres" .

Este anuncio pleno del Reino de Dios como proyecto de  Jesús para la comunidad descubre su intención  verdadera para la vida de ésta y como iniciativa de Dios:  " Para el proyecto de Jesús, la utopía  llegará a su plenitud, pero más allá de las  fronteras de la historia. Es así, no hay que quedarse  pasivos mientras tanto: la utopía del Reino de Dios, no  está en discontinuidad con esa misma historia empecatada:  ésta tiene dentro de su seno el propio Reino de  Dios".

Esa convivencia de hermanos, es posible gracias a  presencia de Dios Padre y a la Palabra dejada por Jesús en  donde hace una invitación muy clara y precisa, así:  "vosotros, en cambio, no os  dejéis llamar Rabí, porque uno solo es vuestro  Maestro; y vosotros sois todos hermanos (Mt 23, 8)". Este llamado  es uno de los pasos principales para que la Iglesia se encamine  hacia una búsqueda del Reino en las diferentes culturas en  las que se ha ido adentrando o en las que ya está inmersa.  Aunque en las culturas se han encontrado valores y  buenas nuevas, la Iglesia con el anuncio del Evangelio ha llevado  la presencia de Cristo a los marginados y, en muchas ocasiones,  su testimonio se ha volcado hacia el servicio como fruto del amor  de esa comunidad establecida por Él. "Nuestro Dios es el  que nos reconstruye como humanidad; la reconstrucción del  hombre la  hacemos nosotros mismos en comunidad. El pan de vida, el pan de  los pobres es lo que estamos pidiendo, ese pan lo alcanzamos  cuando volvamos a nuestras tierras con la ayuda de Dios. Dios es  el pan de los pobres, en Él tenemos nuestra esperanza en  medio de esta guerra, de  este desplazamiento. Él es el pan que nos alimenta, el que  le da vida a la vida".

Cuando la Iglesia actúa en la forma antes  descrita, se hace realidad la trilogía de la acción  de Dios: Iglesia misterio, Iglesia institución e Iglesia  comunidad, Iglesia - Misión como núcleos de  servicio y entrega para quienes merecen ser parte del anuncio  verdadero de Jesús. "La Iglesia es, al mismo tiempo,  Institución de Cristo (fundador Histórico) y  acontecimiento de gracia, porque viene de la Encarnación y  de la vida Histórica de Jesús y también de  pentecostés" .

El modelo de  Iglesia que fue establecido por Cristo debe ser fundamento de  entrega y práctica de la experiencia que significa hacer  memoria de la  Encarnación dentro de las estructuras  culturales, promoviendo el sentido de lucha al integrar las  dimensiones sociales; para dar un anuncio verdadero de  liberación y construcción de comunidad, pese a los  engaños, las falsedades y las injusticias que golpean a la  Iglesia se restablece un camino de fidelidad para realizar los  valores del Evangelio purificándose. "Es profundamente  cristiano orientar esfuerzos en el sentido de superar rupturas  entre lo divino y lo humano, lo espiritual y lo material, lo  celeste y lo terreno, lo eclesial y lo mundano; el culto a Dios  reducido y limitado al templo y el culto verdadero, basado en la  justicia y el servicio a los hermanos. Este es el sacrificio vivo  y santo que agrada a Dios".

El documento de Puebla N° 1142 habla de los pobres  como hombres y mujeres que son imagen de Dios,  que buscan recuperar su amor de Padre; y que como tal él  los define como verdaderos seguidores: "hechos a imagen y  semejanza de Dios para ser sus hijos; esta imagen está  ensombrecida y aún escarnecida. Por eso Dios toma su  defensa y los ama. Es así, como los pobres son los  primeros destinatarios de la misión y su  evangelización es por excelencia señal y prueba de  la misión de Jesús".


Publicado por tabor @ 12:50  | Eclesiologia del Vat. II
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