Viernes, 03 de agosto de 2012

 Elementos de  analisís

Teológico:

Los pobres de la tierra son los  primeros en recibir la Buena Nueva del Salvador. En el Evangelio  de Lucas encontramos los pastores, representantes de los pobres  como los primeros sorprendidos por el Ángel de Dios ante  la noticia Lc 2,8-20.

Con Jesús empieza la una "gran alegría  para todos": El ha escogido a los más pobres, los que no  cuentan nada para los poderosos del mundo, pero para los ojos de  Dios son los preferidos. La preferencia de Jesús por los  pobres, tiene un fundamento teológico en Dios mismo; este  se manifiesta como una profunda solidaridad con sus problemas y  en un compromiso con el mensaje de vida en el proyecto de Dios  para con la comunidad.

Es significativa la manera como Jesús anuncia su  Misión en el Evangelio de Lucas, con la lectura de  un texto del libro de  Isaías dado en Lc 4,18-19. Teniendo como fuente este  Evangelio de Lucas, efectivamente la actividad pública de  Jesús, se va desenvolviendo en un movimiento  hacia el pobre, para que en este contacto se proclame la Buena  Noticia de la venida del Reino de Dios a través de la  Iglesia encargada hoy de realizarlo en la comunidad.

En la Iglesia brota la realidad del pobre, los  sacramentos juegan un papel  importante ya que son signos de liberación, puesto que no  se reducen a la edificación de la Iglesia, sino que se  orientan hacia el Reino uniendo el sacramento del altar y el  sacramento del pequeño, para así formar una  verdadera síntesis de amor en la misma.

La Iglesia es una comunidad conformada por personas  vivas y reales, históricas y concretas; convocadas y  reunidas por pura gracia y amor en la institución de la  Iglesia, para realizar el plan, economía o misterio  de salvación.

Esta Iglesia en la práctica del seguimiento de  Jesús realiza una opción hacia los más  pobres, buscando realizar el sentido de compromiso no idealizado  sino practicado. Se dice que la Iglesia debe asumir el testimonio  apostólico en la dimensión latinoamericana con  seriedad y responsabilidad de realizar la misión del  anuncio al pueblo de Dios que debe sumergirse en el contexto  social.

"En efecto ahí confesamos que el Espíritu  Santo llena de vida a esta Iglesia a la que mantiene enraizada en  aquella que fue fortalecida en pentecostés. Es él  quien conserva en ella la misión de los apóstoles,  la tarea de hacer llegar la Buena Noticia a todos los hombres".  Todo eso fue preguntando la conciencia  cristiana latinoamericana en medio de una vitalidad eclesial que  redescubrio las dimensiones proféticas del anuncio del  Evangelio, que recordó que la persecución y el  martirio son formas culminantes de vivir en el seguimiento de  Jesús, que encontró en las comunidades reunidas en  torno a la  Palabra y viviendo en forma nueva el mensaje evangélico el  surgir la fuerza del Espíritu.

La acción pastoral liberadora visible en el  Espíritu de comunidad, rechaza el poder para ser parte de  el, así se convierte en testimonio en su quehacer, dando  un pregón de no ocultarse en medio de la opresión,  que mantienen una esperanza de seguir a Jesús en la cruz,  esta es una Iglesia servidora, que abandona los privilegios para  ser el pilar de actuación ante la justicia.

Esta Iglesia nace de la Fe del pueblo, cuando él  se da cuenta y experimenta que toda injusticia que vive no es  castigo de Dios, sino que a los ojos de Dios es pecado, y Dios  Padre no quiere que el hombre viva  esa situación, hay que cambiar la estructura de pecado. El  compromiso de la comunidad nace de la de la reflexión de  fe y celebración de la vida.

Sin duda alguna hoy se dice con sinceridad que estos  modelos de Iglesia y sus organizaciones  son el empleo real e  indiscutible de construcción de Iglesia desde los pobres y  con los pobres, como verdadero impulso del renacer pastoral, da  un mayor sentido a su estructura que se orienta al servicio y  la  comunicación de una fe que construye y realiza un  modelo emergente en la persona del Jesús histórico  y místico, con la eficacia del  instrumento de la oración en la comunidad en Dios  Padre.

"En esta misma línea eclesiológica de la  liberación ha formulado que la construcción de una  Iglesia de comunión hace superar la estructuración  verticalista, autoritaria y cerrada de un modelo de Iglesia  piramidal y jerarcocéntrico que no se adapta a los  contenidos básicos de la categoría Bíblica  pueblo de Dios". Sólo la Iglesia y sus miembros han sido  capaces de comprender la inspiración del Evangelio que  transmite una experiencia liberadora y misericordiosa de ver a  Dios en un rostro humano, para darse cuenta del dolor, y la  reflexión y acción de la comunidad de  hermanos.

La Iglesia supera el encerramiento para formar el  sentido de comunión en todo su ser, en América  Latina, hacerse Iglesia de los pobres no se vive como la  construcción de una alternativa, sino como  realización de una vocación. Nace el pueblo en  fidelidad y conversión con una respuesta humilde a la  llamada del Señor como Palabra viva. Por esto se convierte  en llamado en el ser enviado por Dios el profeta es responsable  directamente ante Dios, y de ahí la imperiosa necesidad de  pronunciar la Palabra, exigencia que no puede ser acallada por  ninguna otra consideración, ni siquiera  eclesial.

La Iglesia actual ha reconocido la necesidad de esta  dimensión de la profecía al mencionar los signos de  los tiempos como medio indispensable para conocer la voluntad de  Dios. El profeta no tan fácilmente hace nombrar en  concreto esos  signos de los tiempos. Quizás lo hace a niveles  importantes, como sería la conflictividad que vive la  humanidad. El profeta nombra en concreto esa  deshumanización a través de la presencia de la  Iglesia .

En la conflictividad hay que saber reconocer el propio  pecado y hay que saber comprender que no es tan fácil que  la Iglesia asuma esta voluntad liberadora de Dios, en cuya  conciencia se ha ido construyendo esta eclesiología. Hoy  la Iglesia sabe qué tan difícil es su camino en su  interior y desde este discernimiento inicia una labor  profética en su Palabra a través de Monseñor  Romero y otros mártires latinoamericanos se evidencia este  desafío perenne en ella. La palabra profética de  Monseñor Romero tuvo esa profunda dimensión  teológica. Habló en la Iglesia, pero como profeta  habló en nombre de Dios. Por los contenidos concretos de  su palabra profética y por el hecho de hablar  proféticamente planteo dos preguntas teológicas  fundamentales ¿en qué Dios cree la Iglesia y si  cree en Dios?.

La respuesta del propio Monseñor Romero y de  otros tantos mártires fue clara. La Iglesia da gritos  proféticos en impulsar que permanezcan unidos en los  criterios como comunidad de hermanos, que implementan su llamado  a trabajar por completo en zonas de gran riesgo y con ese  dinamismo proclamen que su opción por los pobres se  mantiene ante el escaso interés de  nuestra sociedad, en sectores que se interpelan ante el papel  imperante que asume la Iglesia. "La Iglesia no puede entenderse  en si y por si mismo, porque está al servicio de unas  realidades que trascienden el Reino y el mundo. Mundo y Reino son  los pilares sobre los que se asienta todo edificio de la  Iglesia".

La Iglesia gestora de unidad y de interés en Dios  Padre presente en la realidad como signo profético en la  lucha de los derechos humanos,  donde la opción por las víctimas de los poderes,  como una opción del mismo Dios, se observa la  construcción del Reino de Dios anunciado y testimoniado  por Jesús, cuyos contenidos son aquellos que nos  involucran en ese quehacer. Centrado en el reconocimiento mutuo  de la solidaridad, la libertad condicionada por la vida de todos,  y búsqueda y proclamación de la verdad, contra toda  forma de ocultamiento e injusticia.

El desafío esta marcado en la Iglesia que debe  prepararse para asumir el proyecto de compromiso que responda a  la realidad particular de una comunidad, exige tener como punto  de partida su situación, porque no se trabaja con gentes  desconocidas, sino pertenecientes a un lugar con costumbres,  comportamientos y celebraciones y dificultades que les son  propias; es vivir desde la experiencia del momento con la  convicción de que transformar esa realidad pasa por la  iluminación con la Palabra de Dios y la palabra de la  Iglesia. Asumiendo una pedagogía de Jesús como  pedagogía de la vida en celebración; creativa,  receptiva de búsqueda, exigente, adecuada al pobre,  esencialmente vivencial y testimonial.

Escriturístico:

El pensamiento  sobre la praxis de liberación en la Iglesia  latinoamericana va en conjunto de visión con el testimonio  apostólico puesto la comunidad es sujeto de  decisión y orientación en el horizonte del Reino en  Mt 18,15-18. El texto señala bien con fundamento la  necesidad de poner los medios  indispensables para lograr realizar una plena fraternidad en que  no llegue a separarse de la realidad en la vida de comunidad,  sino que debe conducir a una actitud mucho más  constructiva.

La Iglesia es instrumento eficaz para realizar y apoyar  los procesos de paz, la cual debe construirse a través de  una serie de acciones que  van desde la educación y defensa  de los derechos humanos y la eliminación de las causas de  los conflictos.  Promovido por la Iglesia las iniciativas planteadas de anunciar  la Buena Nueva en personas de buena voluntad, en que el amor debe  trascender los limites de la  comunidad. Este se manifestará en diversas formas por el  mundo. Al mismo tiempo se corren riesgos y  peligros en seguir anunciando este amor que alcanza a los duros  de corazón.  "Bendice a los que os persiguen, no maldigáis. Alegraos  con los que se alegran; llorad con los que lloran (Rm 12, 14-15)  ".

La Iglesia desde el testimonio apostólico se  remite al hoy en el ver y reflexionar sobre una Iglesia al  servicio, llena de más autonomía frente a una  estructura que no depende de ella sino del fundamento de su ser  ante una identificación con Jesús, que expresa el  ser de su misión y constitución para renovar especialmente la  misión del Reino y desde ahí impulsar la presencia  de Jesús en ella. Por otra parte cada vez que se afirma en  la fe la apostolicidad de esta Iglesia se siente cuestionado por  su fidelidad al Espíritu que le da vida, a la  misión de acuerdo con la cual ha de configurarse, al  proseguimiento de Jesús que constituye su tarea  definitiva. Pues la Iglesia no es principio de vida, lo es el  Espíritu. Ni es ella la que se da a sí misma la  misión; más bien es la misión la que da  origen a la Iglesia.

Con esto se pregunta y se confronta la Iglesia debe  estar siempre en referencia a la presencia de Jesús, como  entrega total y exclusiva a los más necesitados como  misión indispensable desde las necesidades que sobresalen  en la realidad para poder guiarse en la persona del Padre en el  que revela Jesús como signo de pertenencia a él,  ese es el objetivo  principal del anuncio de Cristo por esto el libro de 1Cor 3,  21-23 este texto muestra el  sentido de identidad, que  se debe asumir en la centralidad a Cristo cada seguidor sin hacer  alarde de él, por lo que implica también que Cristo  tiene como centro a Dios.

La Iglesia debe sembrar las semillas de la  manifestación de su ser, está orientada no a  teorizar, sino practicar originalmente el anuncio del Reino,  donde su diseño  abarca a la totalidad de una comunión, que expresa  incesantemente en hacer evidente la radicalidad del Evangelio  insertándose en la historia, sobre todo que el Reino de  Dios es dar a conocer el cuerpo de una comunidad que es  Jesús a través de la Iglesia del texto de Ef 2, 4  -7. Que muestra la gracia y la misericordia de Dios en la  humanidad que se aparta de él. Si embargo Dios procura que  su amor permanezca en ellos para manifestar su acción en  la comunidad.

Un principio vital que empeñe la Iglesia para  atestiguar contra todo aquello que atenté contra la vida,  proclamando un poder en la creación de una nueva  humanidad. Es una realidad presente entre los hombres que toma  cuerpo en una comunidad que la vive y la proclama como  Jesús. "El Espíritu del Señor esta sobre  mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la  Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la libertad a los cautivos  y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y  proclamar un año de gracia del Señor (Lc 4,18-19)".  Esta es la respuesta de Jesús para toda comunidad, la cual  no debe cerrarse a la acción del Espíritu que  irrumpe con valentía para anunciar el misterio de Dios  revelado en él a través de su  acción.

Desde la fe, la realidad de Dios y la existencia se  hallan vinculadas a la vida concreta de los otros. Por eso,  cuando se esta comprometiendo a la defensa concreta de los  hombres. La fe supone que se ha vuelto capaz de descubrir y  valorar el rostro del hermano, el valor y la exigencia de nuestro  prójimo. Este es un llamado a caminar en unidad como  verdadera y auténtica comunidad Trinitaria que desde el  Evangelio cuestiona para así transparentar la  acción de Dios como Iglesia, y sentirse uno con el Padre  en la misión como elegidos para ser verdaderos seguidores  y conserven la unidad. "Para que todos sean uno. Como tú,  Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno  en nosotros, para que el mundo crea que tú me has  enviado". (Jn 17,21).

Es bueno reconocer con humildad que también  nuestro ministerio es un servicio a la comunidad y que es exigido  por la comunidad. La misión no es una propiedad;  pertenece a la Iglesia y a todos les corresponde el deber de  hacer que el servicio sea asumido en todo el pueblo de Dios para  tomar parte en la misión salvífica. Por eso la  importancia de formular hoy a la Iglesia unas preguntas de  carácter fundamental que logre cuestionar y abrir en  concreto su ser, el planteamiento vale la pena en cuanto que el  contenido profético y por el hecho de hablar  proféticamente el ser de la Iglesia: ¿en qué  Dios cree la Iglesia y si cree en Dios?. La Iglesia en su  experiencia debe discernir y participar en la misión que  es la experiencia del Espíritu que sopla donde quiere y no  se niega a nadie. "Entonces Pedro tomó la palabra y dijo:  Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de  personas " (Hch 10,34).

Por tanto es importante la autoridad y el  poder como principios  visibles de unidad en las Iglesias locales y, dentro de la  comunión de Iglesia, derivan los principios generadores  espirituales y sacramentales de la Iglesia. Los ministros son  sucesores de los apóstoles deben ser en su existencia  ejemplo de servicio en la Iglesia local y universal, generando  una actitud de solidaridad en la sociedad, debe convertirse en  signo de entrega y compromiso de fidelidad en la comunidad,  sirviendo siempre con donación para esa nueva  opción de seguir a Cristo. La Iglesia retoma el servicio  como signo de amor a los pequeños Mt 20, 25–28.  Jesús invita concretamente a asumir la condición de  la naturaleza de  servir signo de la absoluta confianza como anuncio de una nueva  vida.

Magisterial

El magisterio esta íntimamente ligado a la  humanidad el cual se pregunta sobre la misión del hombre  en el universo,  sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos,  sobre el destino último de las cosas del hombre. Este sin  lugar a dudas es el momento por el cual el hombre encuentra en  parte que la Iglesia esta conectada con el desarrollo de su vida.  "Por eso el Concilio, como testigo y portavoz de la fe de todo el  pueblo de Dios congregado por Cristo, no puede dar prueba mayor  de solidaridad, respecto y amor a toda la familia  humana, que la de dialogar con ella acerca de todos estos  problemas, aclarárselos a la luz del Evangelio y poner a  disposición de la familia humana la  fuerza salvadora que la Iglesia, guiada por el Espíritu  Santo, recibe de su Fundador" (G.S 3)

El continuo preguntar del hombre hace referencia a su  vida, por lo que implica encontrar respuesta a todos sus  cuestionamientos de la problemática transcendental que se  siente desprovista la existencia humana y que como tal su  significado representa un inconformismo, pero que en el mismo  plano se permite aclarar que la Iglesia presenta la figura de  Jesús que responde a los interrogantes planteados. " Pues  bien, la Iglesia cree firmemente que Cristo, muerto y resucitado  por todos (cfr. 2Cor 5,15), ofrece al hombre, por su  Espíritu, luz y fuerzas que le permitan responder a su  altísima vocación, y que no hay otro nombre bajo el  cielo, dado a los hombres, en el que deben salvarse (cfr. Hch 4,  12)" (G.S 10).

La visión de la Iglesia es cambiante puesto que  logra integrarse a la comunidad en su nuevo significado de pueblo  de Dios, adquiriendo un modo de ser mas real y posibilitando la  nueva relación que se descubre, allí indudablemente  el sentido de Iglesia llega a integrarse desde la vivencia del  Bautismo dando participación al pueblo en este misterio  que se desarrolla como preparación de este sentido de  comunidad. "En todo tiempo y lugar son aceptos a Dios los que le  temen y practican la justicia (cfr. Hch 10,35). Sin embargo,  quiso el Señor santificar y salvar a los hombres no  individualmente aislados entre sí, sino constituyendo con  ellos un pueblo que lo conociera en la verdad y lo sirviera  santamente. Eligió como pueblo suyo el pueblo de Israel, con quien  estableció un pacto, y a quien instruyó  gradualmente, manifestándosele a Sí mismo y sus  divinos designios a través de su historia y  santificándolo para Sí " (L.G 9).

Ante esto el magisterio recuerda que a través del  llamado de Jesús la Iglesia se remite a la vivencia de la  comunidad el sentido del bautismo que debe participar en el  continuo ofrecimiento de su vida como donación para el  pueblo. "Cristo Señor, Pontífice tomado de entre  los hombres (cfr. Heb 5,1-5), hizo de su nuevo pueblo 'un reino y  sacerdotes para Dios, su Padre' (cfr. Ap 1,6;5,10). Pues los  bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio  santo por la generación y por la unción del  Espíritu Santo, para que por medio de todas las obras del  cristiano ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien las  maravillas de quien los llamó de las tinieblas a su luz  admirable (cfr. 1Pe 2,4-10)" (L.G10).

Así el pueblo de Dios entra a participar en la  comunión de Cristo para dar testimonio de la fe que los  une como comunidad para que por medio de este difunda ,el don d  la vida como signo de una experiencia. "El pueblo santo de Dios  participa también del don profético de Cristo,  difundiendo su vivo testimonio sobre todo por la vida de fe y de  caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de la alabanza, el  fruto de los labios que bendicen su nombre (cfr. Heb 13,15)"  (L.G12) .

Sistemático

Se aprecia como en la persona de Jesús Dios se  hizo pueblo, Dios con Nosotros, rompiendo con el mundo del  privilegio y formando el mundo de la fraternidad, por el don de  ser familia de Dios, el precio que se  pago para este nuevo mundo es la propia vida del  inocente.

La revelación del misterio de la cercanía  de Dios ha sido confiado a la Iglesia para que revele al mundo.  Como este misterio del amor de Dios ha sido revelado al hombre,  especialmente a los más pequeños, la Iglesia para  reconocer la cercanía de Dios al hombre, debe caminar  junto a la comunidad.

El compromiso de la Iglesia esta en presentar a  Jesús mismo, quien hace la invitación asumir en  toda plenitud su vida. Esta es la enseñanza y  actuación de Jesús a favor de los más  débiles, el cual va revelando su actuar de cómo  Dios los eligió en él definitivamente como lo  señala en el texto de Colosenses: "Él es el  principio, el primero que resucito de entre los muertos a fin de  que Él tuviera primacía en todo" (Col  1,12).

En la persona de Jesús se ve que ha llegado al  pueblo un Dios cuyo amor, trae un proyecto infatigablemente de  comunión, de misericordia y vida. Para Jesús supone  comenzar a hacer posible lo que se ve imposible donde reinan  proyectos de  acumulación excluyente. Por eso, Jesús asume y  participa con la identificación de su pueblo en Mt  25.

Este trato de Jesús con la gente, implica que el  Reino como amor es búsqueda de Jesús de lo que  estaba perdido. Todo esto es dado por el código de la  misericordia y la gracia: " Id, pues, a aprender que significa  aquello de Misericordia quiero no sacrificios. Porque no he  venido a llamar a justos, sino a pecadores" (Mt 9,13).

Por lo que la Iglesia ha ido abriendo las puertas a  ejemplo de Jesús para el pueblo de Dios, en formar de esta  manera la verdadera familia de los convocados por el Resucitado,  donde ninguno se sienta excluido, ignorado, negado en sus  funciones; sino por el contrario: participante, activo y poniendo  al servicio de todo el cuerpo sus carismas, para que se vaya  fortaleciendo.

En esta constitución del cuerpo de Cristo hay  variedad de miembros y de funciones. Uno mismo es el  Espíritu que distribuye sus diversos dones para el bien de  su Iglesia, el mismo Espíritu por la intensa  comunión de sus miembros, produce y estimula la caridad  entre sus fieles. Por lo tanto si un miembro sufre todos los  miembros sufren con él.

En esto se comprueba que la misión de la Iglesia  es ayudar a transformar la fe y aceptación de Cristo  liberador como compromiso concreto en la lectura de la  Escritura; que  va en sintonía en el servicio a los hermanos que se  encuentran sumidos en la desesperanza, motivándolos a ir  creando comunidad llena de valor en la propuesta de vida como  opción de ayudar a los hermanos desde Jesús en el  proceso de  formar unidad. Es Jesús mismo quien coloca este centro y  que se asuma el proyecto de ser una comunidad centrada en Cristo  "El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su  vida por mí, la encontrará" (Mt 10,39).

Se mira que la Iglesia es Teocéntrica: centrada  en la Trinidad; pero dada toda esta realidad en Jesús. Es  por eso que desde el caminar del pueblo pobre se descubre que  Cristo está al centro de su comunidad, es el que  está uniendo, iluminando, haciendo converger hacia  él, por medio de su evangelio a todos los convocados a  formar esta Iglesia Cristo - Céntrica. Jesús no se  pone al centro como el que hay que admirarlo y servirle, sino  como el que fortalece a la comunidad por medio de su servicio, su  entrega gratuita: Desde esta visión Cristocéntrica,  se esta superando la visión de que la Iglesia se  consideraba como autoritaria.

El Espíritu es el que ha ido gestando la Iglesia  y la mantiene viva, le da la fuerza y la empuja hacia la  plenitud. La comunidad de los cristianos no se construye  únicamente en virtud de las gracias santificantes  individuales, sino también por medio de los carismas,  gracias especiales por la que el Espíritu las dispone y  capacita para hacerse cargo de empresas y  funciones diversas. Esto es lo que dentro de la comunidad por  gracia del Espíritu motiva a seguir creciendo.


Publicado por tabor @ 12:54  | Eclesiologia del Vat. II
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