Mi?rcoles, 28 de noviembre de 2012

Algunas cuestiones cruciales

 

            El CELAM es bien consciente que asume hoy una responsabilidad importantísima en la preparación, organización y animación de la futura V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Está ya abocado a suscitar una consulta, que comenzando por los Episcopados, se prevé lo más amplia posible, tratando de implicar, en la oración y reflexión, los más vastos y diversos niveles de participación. No hay que temer el debate abierto, porque ayuda a discernir y definir las cuestiones cruciales. No basta, por supuesto, recoger, acumular y ordenar los diversos aportes “locales” y “nacionales”. Si fuera así, se correría el grave riesgo de limitarse a un elenco invertebrado de temas, impresiones y opiniones, lo que ciertamente no sería un servicio adecuado ni orientador. Por su naturaleza y servicio, el CELAM, como lo ha ya demostrado en otras oportunidades, tiene la gran responsabilidad que tiene de recoger ciertamente todos los aportes, pero también de pasarlos bajo discernimiento y de elaborar una propuesta orgánica de reflexión, de raigambre y proyección, sea católica que latinoamericana, muy abierta a nuevos debates y aportes, y de tal modo realmente útil para los trabajos dela Conferencia. No en vano el CELAM vive de las Iglesias locales, y a su vez está llamado a revertir sobre cada una de ellas la experiencia unificada del conjunto, desde una mirada y dinamismo globales, con funciones de reflexión, comunión y colaboración expresamente “latinoamericanizadas”.

 

            En el horizonte de ese trabajo de consultas y aportes, con los subrayados con los que me permito hacerme eco de muchos laicos comprometidos en nuestra Iglesia, me permito esbozar esquemática y sintéticamente algunas de las cuestiones que parecen cruciales:

 

1.         Es obvio para los Obispos latinoamericanos que la fuente de enseñanzas y orientaciones serán las siempre actuales y pertinentes del Concilio Vaticano II y que sabrán atesorar e “invertir” la riqueza del Magisterio de S.S. Juan Pablo II. Hay quienes se preguntan si la CartaApostólicaNovo Millennio Ineunte no podría ser para la V Conferencia lo que fue la Evangelii Nuntiandi parala III Conferencia. ¡Y qué preciosa oportunidad para reafirmar inmediatamente la adhesión efectiva y afectiva al nuevo Pontífice, como acto de obediencia en la fe! No tengo la menor duda que nuestros Pastores seguirán con especial atención y fidelidad el Magisterio del pontificado de S.S. Benedicto XVI para compartirlo para bien de las comunidades cristianas y todos los latinoamericanos. La comunión y colaboración conla Santa Sede ha sido siempre indispensable en las Conferencias Generales del Episcopado. Sería bueno también reasumir los frutos de las anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano. Todo ello permite pensar que sería quizás pretencioso, superfluo e incluso peligroso querer elaborar documentos totalizantes y omnicomprensivos, así como fundamental la capacidad de síntesis alimentadas e inspiradas por ese capital de enseñanzas. Todo ello adquiriría una visión y verificación determinantes si la inauguración dela V Conferencia del Episcopado Latinoamericano se diera con la presencia y la palabra del Papa, en el cuadro de una gran acogida del pueblo de Dios, bajo la protección y la intercesión dela Santísima Virgen María especialmente desde su santuario de la sede de acogida.

 

2.         Todos sabemos con convicción que el patrimonio y recurso más precioso de América Latina es que las grandes mayorías estén bautizadas, lo que es fruto de la fecundidad de la primera evangelización, de la inculturación del Evangelio en la vida de los pueblos, del arraigo secular del cristianismo, de la confesión de muchos de la fe recibida como clave de identidad y dignidad, de sabiduría y esperanza. Es tradición que hay que acoger con gratitud y orgullo como gran tesoro, que no puede ser dilapidado, sino fructificado desde la “insondable riqueza de Cristo”. Es notorio que ese patrimonio está sujeto a fuerte erosión capilar por descuidos y deficiencias en la evangelización y catequesis, por el impacto de la descristianización inducida por la difusión de la cultura dominante a nivel mundial y por el crecimiento proselitista de otras comunidades cristianas y “sectas” desde el “revival” evangélico y pentecostal de Estados Unidos. La tradición católica de nuestros pueblos es considerada hoy día una “anomalía” para grandes poderes que tratarán, sin duda, de disgregarla, desvirtuarla, arrasarla.

 

3.         Sin embargo, la misión de la Iglesiano se define por tales desafíos. La cuestión principal, decisiva, ayer como hoy, es cómo el don de la fe es acogido, custodiado, celebrado, vivido, compartido y comunicado por la Iglesia, por los cristianos. Tan claro lo tiene el CELAM que ha propuesto como tema de la V Conferenciala cuestión fundamental de la formación de los discípulos y testigos de Jesucristo en América Latina. Urge, en verdad, un vasto movimiento de formación cristiana (¡no sólo informar sino dar “forma” a la vida!) de los bautizados para que el discipulado de Jesucristo sea fructificación de todo lo que la evangelización ha sembrado en el corazón de las personas y los pueblos, y que se expresa para multitudes en la “piedad popular”, sobre todo de los pobres y sencillos. Ciertamente Juan Pablo II se refería a ello cuando exhortaba a una “nueva evangelización”. Se necesita “recomenzar” y “caminar desde Cristo”, en toda la profundidad de su Misterio53, para los Pastores y todos los fieles. La tradición católica se revitaliza en el encuentro personal con Cristo, para que su Presencia arraigue mucho más profundamente en la vida de las personas, las familias y los pueblos. No hay que presuponerlo y darlo por descontado. La condición primera es el impacto sorprendente y fascinante de ese encuentro, con la misma realidad, actualidad, novedad, con el mismo estupor y poder de persuasión y afecto que tuvo el encuentro de los primeros discípulos con Jesús en las riberas del Jordán y en el mar de Galilea y que tuvo el de los “juandiego” del “Nuevo Mundo” hace quinientos años. Ese encuentro, que hace arder el corazón porque es presentimiento de un don de verdad y felicidad para la propia vida, suscita el seguimiento del Señor y el “estar”, “permanecer”, “quedarse” con Él, como pegados a su Presencia. Es en ese seguimiento y compañía, que se hace amistad y familiaridad, que se aprende de su testimonio, que se acogen y atesoran sus enseñanzas, y que la propia vida va siendo cambiada. En efecto, un auténtico encuentro y amistad con Cristo es tal si cambia la vida, no obstante las resistencias del poder del pecado; si cambia la vida matrimonial y familiar, el trabajo, el uso del tiempo libre y el dinero, y se vuelve “vía, verdad y vida” de la propia existencia e inteligencia de toda la realidad. El tema dela V Conferencia apunta a renovar ese itinerario de discípulos en la vida de todos los bautizados, desde el encuentro y compañía con quienes dan testimonio fascinante dela Presencia del Señor y comparten las razones de su esperanza. La gratitud y la alegría son sus signos desbordantes ante el don recibido y experimentado como la verdad, el bien y la belleza de la propia vida, abrazada, regenerada y salvada por el amor misericordioso de Dios. Todo lo demás se da por añadidura.

 

4.         Permítanme decirles que las personas, las familias y los pueblos necesitan ser acompañados, amados, sostenidos, educados, evangelizados por Obispos y sacerdotes que estén aún mucho más cerca de todos, apasionados por los prójimos quela Providenciade Dios les ha confiado, más llenos de caridad pastoral y celo apostólico, más urgidos por conducirlos a Cristo, más padres y hermanos en la comunión eclesial. Sólo los ministros cuya existencia tiene una “forma eucarística” son capaces de suscitar y formar discípulos y testigos del Señor. Tienen que comenzar ellos mismos por convertirse siempre en más fieles y entregados discípulos y testigos para que resplandezca la capitalidad de Cristo en su vida y ministerio.

 

5.         Tenemos también muy claro que no hay posibilidades de crecimiento para todos los fieles en el discipulado y el testimonio del Señor si no se educa a un más profundo sentido de pertenencia a la Iglesiaen cuanto misterio de comunión con Dios y los hermanos. Todas las comunidades cristianas ‑familias cristianas, parroquias, pequeñas comunidades, comunidades eclesiales de base, comunidades de consagrados, movimientos eclesiales...‑ tienen que sentirse llamadas a vivir, celebrar y comunicar ese misterio de comunión en toda su densidad, verdad y belleza. ¡Casas y escuelas de comunión!54 (tal como lo retoma el plan actual del CELAM). Ello implica, ante todo, una educación a reconocer, celebrar y vivir más a fondo el misterio de Dios en la liturgia y sacramentos, y la eucaristía, efectivamente, como fuente y vértice de toda la vida cristiana. Hay que dar mucha mayor importancia, y contenidos más exigentes y sistemáticos, al itinerario sacramental, comunitario y catequético de iniciación cristiana (¡de la iniciación cristiana a la madurez de una fe adulta!). Más las comunidades cristianas viven de ese misterio, más sentido de pertenencia suscitan, más educativas son de discípulos de Cristo, más atraen a compartir su novedad de vida ‑la unidad en la verdad y la caridad‑ reenviando a la “fuente” y tradición que la hace posible, más comunican las razones de la esperanza que las anima. Los movimientos eclesiales y nuevas comunidades, en cuanto signos y reflejos de esa comunión, métodos de educación a la fe y sujetos de misión, han de ser considerados y alentados como dones del Espíritu para la misión dela Iglesia en América Latina, acogidos con la magnanimidad y cordialidad del Buen Pastor, llamados a injertar y fructificar sus carismas en la tradición y piedad de nuestros pueblos.

 

6.         Sabemos con gratitud y admiración que la evangelización de los pueblos americanos ha estado siempre caracterizada por una presencia fundamental de religiosos y religiosas. Por eso mismo, ¿quién duda que haya que alentar por todos los medios una profunda renovación de la vida consagrada activa en América Latina para que vaya dejando atrás recaídas secularizantes persistentes y transmita mayor luminosidad, convocatoria y fuerza atractiva su testimonio de la radicalidad cristiana, de la santidad a la que todos los fieles están llamados?

 

7.         ¡Ojalá que la preparación dela V Conferenciasea una buena ocasión para abrir a fondo el “dossier” sobre instituciones católicas de enseñanza, desde las escuelas a las Universidades católicas, pasando por muchos Institutos de formación. Son instituciones muy importantes para la misión dela Iglesiay el servicio a los pueblos, pero cabe esperar de ellas una reafirmación fiel, inteligente y fecunda de su identidad cristiana para contar con aportes y logros mucho más consistentes en lo que se refiere a la reconstrucción de un tejido educativo católico y a la formación integral de católicos.

 

8.         En especial, hay que prestar una particular solicitud pastoral a la formación de discípulos y testigos del Señor entre los jóvenes. Se necesita repensar y reformular la pastoral juvenil. Hay que aprender al respecto del paradigma educativo y evangelizador de las Jornadas Mundiales de la Juventud presididas por el Santo Padre. Otro sujeto y destinatario especial de esa solicitud ha de ser la familia, tan disgregada y agredida en su ser y misión, sobre todo en la formación cristiana de los cónyuges, de los futuros esposos, de padres y madres, para que sean verdaderas “iglesias domésticas”, educadoras de nuevas generaciones. La Iglesia latinoamericana tiene que valorizar y cuidar a las mujeres, pilares de las familias y los pueblos, muchas veces modelos de entrega y sacrificio, y custodias de la tradición católica, sometidas por ello a especiales insidias. Tiene que dedicar ingentes e inteligentes energías misioneras y catequéticas para custodiar y hacer crecer la fe entre las comunidades indígenas, especialmente necesitadas hoy de confirmación y reafirmación en la fe católica recibida, como también las más necesitadas de promoción humana, liberación y justicia, cuidándolas de proselitismos sectarios y de ideologías indigenistas anticatólicas que hacen mella allí donde se descuida o desvirtúa la evangelización. La Iglesia latinoamericana tiene que replantearse a fondo la prioridad y exigencia de formación y compañía de nuevas generaciones de líderes católicos en todos los areópagos de la vida pública de las naciones (en la política y la economía, en la universidad y la cultura, en las ciencias, letras y artes, en los campos de la comunicación social, en la empresa, sindicatos y movimientos populares). Se necesita generar lugares, itinerarios y compañías para poder contar cada vez más con laicos competentes pero, sobre todo, arraigados en la comunión eclesial, con una inteligencia de la fe y de sus enseñanzas sociales como inteligencia de la realidad, que sean “constructores de la sociedad”, de una vida más humana para todos los latinoamericanos, en justicia, paz y dignidad.

 

9.         El hecho de que en América Latina viva el 50% de la población católica mundial ‑porcentaje destinado a crecer en las próximas décadas‑ requiere un salto de cualidad como conciencia, responsabilidad y solicitud católicas en el seno dela Iglesiauniversal. Junto a la grave y exigente responsabilidad respecto a su propio pueblo, ello implica mayor colaboración con el ministerio del Sucesor de Pedro. A su vez, la experiencia, las reflexiones y los problemas dela Iglesiaen América Latina han de suscitar todavía mayor atención y compañía enla Curia Romana.Requiere también quela Iglesiade América Latina sepa compartir más generosamente la fe recibida con otros pueblos, “ad gentes”, sobre todo con las Iglesias más jóvenes y en dificultad. Tarea fundamental es buscar los medios más adecuados para colaborar conla Iglesiade los Estados Unidos respecto a la “pastoral de los hispanos”. Por ser “extremo Occidente”, un Occidente de raigambre católico en los pueblos, un Occidente empobrecido en una región emergente y en vías de desarrollo, América Latina está en condiciones de comunicar a 360 grados en la dinámica de la catolicidad y en los nuevos escenarios globales.

 

10.      El destino de la catolicidad y el destino de nuestros pueblos están en gran medida entrelazados, al menos para el actual siglo XXI. Si cae en reflujo la tradición católica, si no se procede a un intenso trabajo de educación en la fe, si no crece en el sentido de pertenencia a la Iglesiay se desatan energías misioneras, y si esa tradición católica no se convierte en alma, inteligencia, fuerza propulsora y horizonte de un auténtico desarrollo y crecimiento en humanidad, sufren y pierden nuestros pueblos. Y si nuestros pueblos quedan encadenados en situaciones de marginalidad y pobreza, en ciclos periódicos de depresión y violencia, arrastrando las mayores desigualdades sociales del mundo, sufre y pierde la catolicidad. El amor de Cristo no puede sino manifestarse en pasión por la vida y el destino de nuestros pueblos y de especial solidaridad con los más pobres, sufrientes y necesitados. Es obvio que no corresponde a la Iglesiaentrar en debates políticos ni en cuestiones técnicas. No es esa su vocación y misión. Sin embargo, su contribución original es decisiva en la vida de los pueblos, por medio de un perseverante recomenzar desde la conversión de cada persona, de los contenidos de verdad y amor, de unidad y sabiduría que transmite, de la educación y forja de las energías humanas del pueblo, por las luces de su doctrina social como inteligencia y competencia respecto a los problemas fundamentales de la convivencia social. Los principios de dignidad, subsidiaridad y solidaridad tienen que traducirse en criterios de discernimiento, de transformación y construcción social desde nuestra realidad. No propone “recetas”, pero tiene que alentar un cierto proyecto histórico, enfrentando algunas cuestiones claves55:

           

            - Ante todo, apuesta por la educación de la conciencia de la persona, de su vocación, dignidad y destino, de la grandeza del ser, del don y drama de la libertad, de sus constitutivos deseos de verdad y “sentido”, de bien, comunión, belleza y justicia.La Iglesiasiempre comienza y recomienza de la persona: la persona, una y dual, cuerpo y alma, varón y mujer, individuo y comunidad. Hoy se trata del desafío crucial de salvaguardar su dignidad trascendente para no quedar reducida a partícula de la naturaleza o elemento anónimo de la ciudad humana.

 

-          Reconstrucción de la persona es también reconstrucción de los vínculos de pertenencia y convivencia, según la dialéctica de la amistad-gratuidad-comunión (pertenencia a una familia, a un pueblo, a una cultura, a una nación, ¡al pueblo de Dios enla Iglesiadel Señor!). Se trata de rehacer el tejido cristiano de la sociedad humana. El ejercicio de la subsidiariedad es fundamental, sosteniendo y alimentando energías humanas de formación, empresarialidad, laboriosidad, sacrificio y solidaridad de las personas, las familias, las amistades ideales y operativas, los pueblos. Estado y mercado no lo hacen y no bastan.La Iglesiatiene una responsabilidad y posibilidad muy grandes, dado su arraigo en la vida de los pueblos, la comunicación con el ethos popular, la cercanía a sus necesidades, las innumerables obras que promueve, su credibilidad...

 

-          Apuesta por la búsqueda de nuevos paradigmas de desarrollo, no obstante los escasos márgenes de maniobra. Se desfondó la utopía marxista con el desmoronamiento de los regímenes totalitarios del socialismo real y vuelve a resquebrajarse la utopía de la autorregulación del mercado. Son callejones sin salida de la modernidad ideológica. Hay que apuntar a nuevos paradigmas, arraigados en la cultura de nuestros pueblos, con nuevas sinergias Estado-mercado-sociedad-comunidad organizada, insistiendo sobre el capital humano, planteando la necesidad y exigencia de un persistente crecimiento económico que sea acompañado por modalidades incisivas, eficaces y cada vez más amplias de inclusión social, de combate contra la pobreza y de superación de estridentes y escandalosas desigualdades.

 

-          Sin integración económica y política, nuestros países latinoamericanos no cuentan ni van a ninguna parte; quedan condenados a los márgenes tumultuosos y empobrecidos de la historia, a ciclos periódicos de depresión y violencia. Y los procesos de integración están dando pasos de gigante, no obstante los previsibles “impasses” y graves dificultades. El eje fundamental del MERCOSUR se enlaza conla COMUNIDADANDINAy se avizora ya el horizonte dela Comunidado Unión Sudamericana (o mejor dicho aún, los Estados Unidos de Sudamérica). Se estrechan también vínculos con México, el SISTEMA DE INTEGRACION CENTROAMERICANO yla COMUNIDADDEL CARIBE, en el horizonte de la “Patria Grande” latinoamericana”. Ya no es más mera utopía bolivariana, sino la única posibilidad real de imprimir un desarrollo autosostenido y equitativo, y de contar con un peso político efectivo en el nuevo orden internacional en ciernes y en las complejas negociaciones a 360 grados. ¿Acaso S.S. Pío XII no apostó decididamente por la unión europea en una fase crucial?La Iglesia, que es sacramento de comunión, tiene una tarea fundamental como re-generadora de pueblos unidos desde la misma fe y tradición católica, comunes vicisitudes históricas, semejante sustrato cultural y lingüístico en la diversidad, y un destino común. El CELAM es un signo, cauce y servicio de esa unidad.

 

-          No puede desentendersela Iglesiade una tarea de educación y de evangelización de la cultura, que es ante todo custodia y fructificación de la tradición católica en el “alma” y la vida de los pueblos latinoamericanos, su identidad más profunda. Ello es tanto más necesario en cuanto se combinan, por una parte, las insidias y agresiones de una cultura “global”, de tendencias relativistas, nihilistas y libertinas, vehiculada por potentes y capilares medios de comunicación y consenso, que presiona y seduce también a poderes políticos y se está difundiendo en legislaciones estatales, y, por otra, la “sopa recalentada e indigesta” de vulgarizaciones ideológicas ya anacrónicas. Todas las agresiones a la tradición católica de nuestros pueblos deben ser consideradas también como anti-populares y anti-latinoamericanas, pues los priva, no sólo del más grande don recibido y de su más precioso tesoro, sino también de los “recursos” más valiosos para un auténtico desarrollo humano. Nada de verdaderamente humano se construye con los subproductos decadentes de las sociedades del consumo y del espectáculo ni con resentimientos y verborragias de ideologismo confuso. No se trata sólo de denunciarlas sino de emprender una vasta tarea de persuasión y convicción, mostrando la razonabilidad de la fe, para bien de la vida de las personas y los pueblos.

           

            Ahora toca al CELAM la grave responsabilidad de preparar, organizar y animar la realización dela   VConferenciaGeneral del Episcopado Latinoamericano...

-          en tiempos luminosos de servicio ‑de gobierno, enseñanza y santidad‑ del nuevo pontificado de Benedicto XVI,

-          en profunda comunión conla   SantaSede,

-          implicando la solicitud católica de todos los Episcopados de América Latina,

-          poniendo a las Iglesias locales en movilización espiritual y misionera así como en una amplia tarea de reflexión, comunión y colaboración pastorales,

-          abrazando la vida, los sufrimientos y esperanzas, y el destino de los pueblos de este “continente de esperanza”, sobre todo de los pobres y los jóvenes, en esta hora latinoamericana, hemisférica y mundial,

-          con el amor misericordioso de Dios, por gracia del Espíritu Santo, para quela Presenciade Jesucristo, bajo la intercesión dela VirgenMaria, resplandezca como vocación al encuentro y conversión, como fuerza unitiva en la verdad y la caridad, como forja de sus discípulos y testigos, como “piedra angular” de construcción de formas de vida más dignas de todo el hombre y todos los hombres y como certeza y esperanza de salvación.


Publicado por tabor @ 20:31  | Contexto socio-politico
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios