Mi?rcoles, 28 de noviembre de 2012

La Conferencia de Puebla: evento de madurez

 

            La excepcional acogida y difusión de la Evangelii nuntiandi en la Iglesia de América Latina fue como el preámbulo de las primeras reflexiones “celamíticas” acerca de la posibilidad de convocar una nueva Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, a diez años de la de Medellín. No pudo extrañar, pues, que pronto se propusiera el tema de “la evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”. El “documento de consulta”, primera referencia de conjunto para la preparación de la Conferencia de Puebla, señaló la Evangelii nuntiandi como “perspectiva universal” y la citó 97 veces. S.S. Juan Pablo II dirá después, en el discurso de inauguración de la Conferencia, que quienes estuvieron cerca de Pablo VI durante la preparación de esta Conferencia “podrán dar testimonio también de la gratitud con la cual él supo que el telón de fondo de toda la Conferencia sería este texto, en el cual puso toda su alma de Pastor, en el ocaso de la vida”27.

 

            El CELAM quiso que la preparación de la III ConferenciaGeneral del Episcopado Latinoamericano fuera muy abierta en la consulta y en los aportes. Tuvo lugar entonces la participación más amplia, sorprendente, diversificada y apasionada ante un evento eclesial latinoamericano. Baste tener presente, a título indicativo, los cuatro voluminosos “libros auxiliares” publicados por el CELAM, con los más diversos aportes para la III ConferenciaGeneral del Episcopado Latinoamericano, para tener una dimensión de las reflexiones y contribuciones que suscitó esa extraordinaria participación durante la preparación de la Conferencia.Losdebates fueron tensos e intensos. Estaban en juego cuestiones cruciales para la Iglesialatinoamericana y universal. Lo eclesial corría el riesgo de aparecer muchas veces subordinado o al menos íntimamente condicionado por lo político. Sectores eclesiásticos radicalizados, agrupados en torno a la tendencia de la teología de la liberación que componía con el marxismo, a los llamados “cristianos para el socialismo”, a ciertas instituciones ecuménicas, pretendieron dar una batalla frontal. Se sumó a ellos, en gran medida, la misma Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR). Se aferraron a una visión apologética y parcial de “Medellín”. Y desembocaron, al fin, en lo que se llamó el “Puebla paralelo”, buscando influir y desvirtuar lo que maduraba en la III Conferenciaepiscopal. En un clima de rarificación ideológica, surge el proyecto de la “iglesia popular”, contrapuesta a la “iglesia oficial”. “Nord-Sud”, “Este-Oeste”, ambas dialécticas entrelazadas parecían “crucificar” los debates eclesiales. Quienes sólo destacaban la primera, alentaban una Iglesia compañera de las luchas de los oprimidos, apostando por estrategias revolucionarias bajo inspiración marxista, cada vez más recostados en el “socialismo real”. Quienes sólo destacaban la segunda, no demostraban sensibilidad alguna para con las tremendas injusticias y sufrimientos de los pueblos y osaban proponerse como defensores de la “civilización occidental y cristiana”, usando todos los medios militarizados del poder, aún los más violentamente represivos, incluso contra Pastores de la Iglesia‑como en el asesinato del Arzobispo Oscar Romero‑ y de numerosos sacerdotes y catequistas. El CELAM supo mantener firme el timón en medio de la tempestad de los opuestos intereses extremistas y salvaguardar la misión de la Iglesiade su subalternidad a estrategias políticas e ideológicas.

 

                  Quiso la Providenciade Dios que la III ConferenciaGeneral de Puebla fuera confirmada e inaugurada por el nuevo pontífice S.S. Juan Pablo II, después de la ráfaga refrescante del breve paso de S.S. Juan Pablo I. Un Papa venido de lejano, de la “Polonia semper fidelis”, frontera católica del área del totalitarismo soviético hegemonizado por la URSS, inauguraba su pontificado en la frontera latinoamericana, de pueblos de tradición católica, al interior del área hegemonizada por Estados Unidos. Fue acogido por una nunca vista manifestación semejante de afecto y devoción por parte del pueblo mexicano (lo que será decisivo para el ulterior desarrollo del estilo pastoral y misionero del pontificado). No en vano había suplicado a Nuestra Señora de Guadalupe que le abriera el corazón de sus hijos y que pudiera sintonizar con ellos. La “estrella de la evangelización” de la Evangelii nuntiandi sería reconocida enla Conferencia de Puebla especialmente en el “rostro mestizo de María de Guadalupe” a la luz de una bellísima mariología (reconocimiento filial y, a la vez, compensación del sorprendente silencio de la devoción popular ala Virgen María en todos los documentos de “conclusiones” dela Conferencia de Medellín). ¿No es acaso significativo y prometedor que Benedicto XVI, en los primeros días de su pontificado, haya querido confiarse a la maternidad dela Virgen ante la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en los jardines vaticanos?

  

            Quienes participaron en Puebla, que tuvo lugar del 27 de enero al 13 de febrero de 1979, tomaron inmediata conciencia, desde el primer día, que el discurso inaugural de S.S. Juan Pablo II había afrontado abierta y claramente las cuestiones debatidas y asegurado un camino seguro y fecundo de desarrollo de la Conferenciay de elaboración de su documento final. El “trípode” de verdades que planteó netamente ‑verdad sobre Jesucristo, verdad sobre la Iglesiay verdad sobre el hombre‑ expuso los contenidos esenciales e íntegros de la evangelización y no dejó lugar a equívocos o confusiones28. El Papa manifestó gratitud al CELAM por el “esmero” en la preparación dela Conferencia de Puebla. Fue, de hecho, un apoyo muy explícito contra la campaña de difamación que había sufrido. Poco más de un año después, celebrando los 25 años del CELAM en Río de Janeiro, retomó con vigor el calificativo de “providencial” para calificar la creación y el servicio del CELAM.

 

            Puebla concluyó con una serena y profunda afirmación de identidad cristiana, eclesial y latinoamericana, íntimamente entrelazadas. Es el punto más alto de la autoconciencia eclesial y latinoamericana. Su preciosa eclesiología fue ya signo elocuente de que van quedando atrás cuestionamientos tumultuosos y crisis de identidad, y se va incorporando lo mejor de la reflexión teológica latinoamericana desde la senda iluminante de la “Lumen Gentium”. Llamaba a todos los bautizados a la “comunión y participación”. La perspectiva latinoamericana se afirmó en una recuperación de conciencia histórica, en la exigencia de la evangelización de la cultura y de la piedad popular, en el amor preferencial por los pobres y los jóvenes, en el compromiso y esperanza por la dignificación humana y la liberación integral29. Cuando se iban agotando y resquebrajando los sucesivos esquemas de interpretación de la realidad latinoamericana elaborados por sectores intelectuales ‑primero, los modelos funcionalistas y desarrollistas de “modernización”, y después las teorías de la dependencia vinculadas a estrategias revolucionarias‑, la Iglesia se mostraba capaz de recoger muchos aportes e integrarlos en una totalizante autoconciencia histórica de su misión, desde su propia lectura, católica, de esa “originalidad histórico-cultural que llamamos América Latina”30, de la realidad de vida, sufrimientos y esperanzas de sus pueblos.   

 

Juan Pablo II y América Latina

 

            No ha habido otro documento episcopal que haya tenido tanta resonancia y difusión que el documento de Puebla en todas las latitudes latinoamericanas, pero también más allá de sus confines31. Terminada la III Conferencia, el CELAM se concentró en ayudar por todos los medios su difusión, cuidando y dando claves adecuadas para su lectura e interpretación. Muy numerosos folletos, libros y encuentros promovidos por el CELAM fueron desarrollando los más diversos aspectos considerados en Puebla32. Fue mucho más una tarea de difusión y sensibilización, de elaboración de instrumentos de lectura y de comentarios sistemáticos, que de desarrollo creativo. Hubo algunos intentos significativos, como publicaciones sobre la evangelización de la cultura y varias sobre doctrina social de la Iglesia33. En otros campos, no se logró dar un seguimiento teológico y una más adecuada realización pastoral a la novedad de sendas abiertas porla III Conferencia. Después de dos décadas pos-conciliares intensísimas, críticas y fecundas, a veces tumultuosas, de fortísimos debates y laceraciones, de las más variadas experimentaciones y propuestas pastorales, sub-entraba ahora cierta fatiga. Después de haber estado en el epicentro de las batallas, el CELAM limitaba su protagonismo.

 

            Es ahora Juan Pablo II quien ocupa la escena latinoamericana, no sólo por la repercusión mundial de su Magisterio, sino también por las visitas pastorales a todos los países del continente. El CELAM lo sigue con atención y organiza diversas actividades de estudio y difusión respecto a los principales documentos pontificios, y ayuda a difundir noticias y discursos. Publica y difunde también los sucesivos discursos de S.S. Juan Pablo II a los diversos episcopados de América Latina en ocasión de sus visitas “ad limina”. Quien lee las alocuciones del Santo Padre durante sus viajes apostólicos en América Latina o esos discursos en Roma, encuentra innumerables citaciones de Puebla. Es la Conferenciade Puebla que le ha dado los esquemas fundamentales de aproximación a la realidad latinoamericana, verificados en los eventos de sus visitas. Nadie más popular que Juan Pablo II en nuestros pueblos. Con Juan Pablo II son también los pueblos que ocupan la escena de las naciones, manifestando su arraigo cristiano, su confianza en la Iglesia, su amor al Papa, sus sentimientos y exigencias de dignidad y libertad. En Haití como en Chile, así como en Polonia y Filipinas, el paso del Papa desata una conciencia de identidad, libertad y dignidad, que erosiona modalidades diversas y ya anacrónicas de regímenes liberticidas. El Papa no deja de denunciar las estridentes injusticias, condenar las violencias, defender los derechos de la persona, los trabajadores y los pueblos, destacar la necesidad de salvaguardar el ser y la misión de la familia, reafirmar la solidaridad preferencial con los pobres. Da fundamentos e ímpetus a la transición hacia la democracia, compartiendo el juicio neto y valiente de “Puebla” acerca de los regímenes de seguridad nacional. Ante la crítica y la crisis de las ideologías, propone una renovada doctrina social de la Iglesia(por entonces, el CELAM organiza los primeros encuentros latinoamericanos sobre la “Caridad” y la “doctrina social de la Iglesia&rdquoGui?o. A la vez, prosigue el discernimiento crítico de desviaciones y confusiones de corrientes radicales de la teología de la liberación; muchas de sus expresiones serán retomadas en el juicio orgánico que planteará la Congregaciónpara la Doctrinade la Feen las Instrucciones Libertatis nuntius, del 6 de agosto de 1984, (en la que rechaza radicalmente la posibilidad de componer y reformular la fe cristiana y la teología con el marxismo) y en Libertatis Conscientia, del 22 de marzo de 1986 (en la que sienta los fundamentos y desarrollos de una teología de la libertad y la liberación, en un nuevo cuadro cultural e íntimamente ligada a las renovadas enseñanzas sociales de la Iglesia). Ya a comienzos de los años ochenta, la teología de la liberación parece concluir su ciclo pujante de creación y difusión y se repite cansinamente, aunque habiendo dejado arraigados muchos de sus esquemas en no pocos agentes pastorales. Concluye el ciclo hegemónico del marxismo y el derrumbe de los regímenes del socialismo real la dejará totalmente anémica34. Mientras tanto el Magisterio de la Iglesia habrá sabido asimilar sus mejores intuiciones proféticas, resurgidas de la tradición católica ante nuevos retos históricos; lo que permitirá a Juan Pablo II escribir, ya dejado atrás todo lo que tenía de errado y obsoleto, sobre “la positividad de una auténtica teología de la liberación humana integral”35. Mientras tanto, el CELAM emprendía la importante iniciativa de elaboración y publicación de textos para la formación en los Seminarios (TELAL), con la colaboración de diversos expertos.

 

            El pontífice abre cauces a la democratización, pacificación y reconciliación en el volcán de América Central. El polvorín se había desplazado ahora a América Central, donde la caída, en julio de 1979, de la dictadura de Somoza ‑la más larga y oprobiosa en el istmo centroamericano‑ era signo de la liquidación histórica de viejas satrapías oligárquicas asentadas sobre sociedades rurales atrasadas y explotadas. La victoria del “sandinismo”, pero sobre todo su infantilismo y aventurerismo ideológico en el poder, agudizó todas las contradicciones y provocó nuevo intervencionismo de Estados Unidos, potencia con graves responsabilidades respecto a la crisis centroamericana. Siguiendo al Papa, el CELAM apoyó decididamente los esfuerzos de “Contadora”. También en otras latitudes latinoamericanas no faltó la predilección, solicitud y compromiso del Pontífice. En noviembre de 1978 su intervención impide el conflicto armado entre Argentina y Chile por las tres islas del canal Beagle, y la sucesiva mediación de la Santa Sedepor intermedio del Cardenal Samoré conduce a los acuerdos de paz. Desde Inglaterra, decide viajar inmediatamente a Argentina para estar cerca de su pueblo y reanimar la esperanza después del error y derrota de la guerra por la legítima reivindicación de soberanía de las Malvinas. Años después, el sobreviviente régimen cubano desaprovecha el extraordinario viaje del Papa a la isla para emprender una tan ardua y difícil como necesaria transición hacia mayor libertad y democratización38.

 

            Lo fundamental es que toda la pasión demostrada por las vicisitudes de nuestros pueblos ha sido la consecuencia de la custodia y aprecio, el aliento y alimento de su tradición católica. Nada hay más esencial en todo su mensaje que el acontecimiento de Cristo arraigue más profundamente en la vida de las personas, las familias y los pueblos. Resuena desde comienzos de su pontificado el llamamiento a abrir las puertas a Cristo, ante todo del “corazón” de las personas y también de todas las estructuras y dimensiones de la vida social. De allí su propuesta y aliento de una “nueva evangelización”. De allí su peregrinación a la geopolítica espiritual de los santuarios marianos, llevado por su devoción de “Totus tuus”, bien consciente que la Virgen Maríaes la gran “pedagoga del Evangelio” para los pueblos latinoamericanos36. De allí su continuo replantear la vocación a la santidad, destacada por las numerosas beatificaciones y canonizaciones de latinoamericanos (para algunos países, las primeras de su historia, y para otros y para todos tan significativas como la de Juan Diego en México).  

 

La Conferencia de Santo Domingo

 

            El quinto centenario del descubrimiento y la evangelización de América fue considerado fecha muy apropiada para realizar la IV Conferencia General del Episcopado latinoamericano. El mismo Papa, a sugerencia del presidente del CELAM, Mons. Antonio Quarracino, decidió viajar a Santo Domingo en 1984 para inaugurar y promover un “novenario” de años y suscitar una vasta movilización espiritual y misionera del pueblo de Dios en América Latina, también como preparación de la Conferencia. Es entonces que el Papa lanza, por primera vez, la consigna de una “nueva evangelización”. Ya lo había anticipado en su discurso a los Obispos del CELAM en la inauguración en Port-au-Prince de la XIX Asamblea ordinaria de este organismo, el 9 de marzo de 1983: América Latina tiene necesidad de una “evangelización nueva: nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”37. Lo desarrollará en Santo Domingo, el 12 de octubre de 1984, exhortando a emprender “una nueva evangelización que “despliegue con más vigor ‑como la de los orígenes‑ un potencial de santidad, un gran impulso misionero, una vasta creatividad catequética, una manifestación fecunda de colegialidad y comunión, un combate evangélico de dignificación del hombre, para generar, desde el seno de América Latina, un gran futuro de esperanza”38. Esta referencia se transforma en leit-motiv de todas las declaraciones eclesiásticas y se convierte en el hilo central del tema dela IV Conferencia, convocada por S.S. Juan Pablo II: “Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana”, que tuvo lugar del 12 al 28 de octubre de 1992.

 

            Sin embargo, no se logra una movilización de envergadura durante el “novenario”, que no logra despegar no obstante iniciativas y subsidios del CELAM. Se da un esfuerzo grande en materia de publicaciones con la “Colección V Centenario”, pero prevalecen los estudios históricos y conmemorativos. La preparación dela IV Conferenciasuscita menos participación, aportes y debates que durante la de Puebla, lo que la empobrece en sus repercusiones. En realidad, tendrá lugar en momento poco oportuno. La “década perdida” sume a América Latina en un estancamiento general.La Iglesialatinoamericana aparece con cierto cansancio ante las oposiciones, laceraciones y confusiones sufridas. Se busca una mayor tranquilidad, que a veces tiende hacia el “tram-tram” eclesiástico dentro de cierto pragmatismo pastoral. Enla Iglesia, la teología de la liberación ha quedado muda o sólo repetitiva, sin demostrar capacidad de refundación y desarrollo creativo. Ya no existen más los “cristianos por el socialismo” y se ha desinflado la estrategia de “caballo de Troya” de la “iglesia popular”. Las comunidades eclesiales de base no tienen la pujanza de otras décadas, pues una positiva ola de democratización abre muchas otras compuertas de participación social. Los regímenes militares han sido derrotados y se busca sanar muchas heridas. Se acababa también el ciclo creador de la “sociología comprometida” y la “teoría de la dependencia”. Pero también el pensamiento católico latinoamericano y su interpretación general de la vida y el destino de los pueblos latinoamericanos, que llegó al ápice en Puebla, tendía a fragmentarse en una serie de problemas y temas importantes, pero como rapsodias sin sinfonía. Abundan en ambientes eclesiásticos y “celamíticos” la atención necesaria y laudable respecto a la defensa de la vida y la familia, la proliferación de las sectas, los derechos humanos, la transición a la democracia, la civilización del amor; se comentan encíclicas y exhortaciones apostólicas del Papa; comienzan las críticas al neoliberalismo vencedor y su aplicación en América Latina. La “nueva evangelización” es referencia omnipresente en el lenguaje eclesiástico, aunque no se advierta el despliegue vigoroso de un dinamismo misionero “ad gentes”. Recupera fuerte interés la doctrina social dela Iglesia, más como tema de estudio y asimilación que de “inculturación” y construcción. Hay importantes reflexiones y gestiones internacionales del CELAM sobre la deuda externa. Sin embargo, no se advierten nuevos rumbos para los pueblos latinoamericanos. Ello repercute en cierto repliegue de los episcopados dentro de los confines nacionales, menguando la dinámica de “latinoamericanización” en el servicio del CELAM.

 

            No en vano,la IV ConferenciaGeneral del Episcopado Latinoamericano se realiza en la transición crucial de un giro histórico epocal, en el que está mucho más claro lo que concluye que lo que emerge de modo muy fluido, novedoso e indeterminado, dificultando enormemente una interpretación y proyección del momento histórico. Muchos esquemas políticos y mentales, también en ámbitos eclesiásticos y de militancia cristiana, aparecen ahora obsoletos.

 

            No facilitó tampoco la preparación y realización de la Conferenciade Santo Domingo el hecho de malentendidos y algunas fricciones entre la gestión de la reestructurada y fortalecida Comisión Pontificia para América Latina39 y el CELAM, lo que provocó pérdida de energías, funcionando de hecho como distracción respecto de los verdaderos problemas y retos que afrontabala Iglesia en América Latina y el mismo CELAM. Tampoco lo facilitó su concomitancia con el “V Centenario”, pues en no pocos ámbitos eclesiales, y sobre todo en Conferencias de Religiosos, se confundió el rechazo de las violencias sufridas por los mundos indígenas con la clave ideológica del resurgimiento de cierta “leyenda negra”, ahora concentrada contra la evangelización de los pueblos indoamericanos.

 

            Ante todas esas dificultades, la sabiduría eclesial en Santo Domingo se expresó en centrar todo en una vigorosamente fiel confesión de Cristo, y, por lo demás, retomar y desarrollar en general muchos temas de la Conferenciade Puebla40. Dos nuevos impulsos del Papa fueron especialmente significativos en Santo Domingo. El primero es el que lo llevó a plantear la iniciativa de un Sínodo de Obispos de todo el continente americano. El segundo fue un fuerte apoyo a los nuevos procesos de integración que estaban surgiendo en América Latina desde comienzos de los años noventa: “Es grave responsabilidad de los gobernantes el favorecer el ya iniciado proceso de integración de unos pueblos a quienes la misma geografía, la fe cristiana, la lengua y la cultura han unido definitivamente en el camino de la historia”41.


Publicado por tabor @ 20:34  | Contexto socio-politico
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