Viernes, 04 de enero de 2013

La caída de los dioses

El pasado 11 de octubre,   Benedicto XVI inauguró el ‘Año de la fe’, con la finalidad de invitar al   hombre de hoy a creer en Dios. El Papa Ratzinger, que participó como perito   conciliar cuando era un joven teólogo, propone como su gran estrategia la   lectura y la comprensión del Concilio, que Juan XXIII convocó para hablar del   papel de la Iglesia ‘en el mundo de hoy’.

El Vaticano II fue inaugurado   con gran júbilo: por fin la Iglesia se pondría al día. El objetivo era claro:   explicar al hombre de hoy la fe católica de siempre, y hacerle ver que ahí   estaban las respuestas a las cuestiones suscitadas por la posguerra   mundial.

Pero la historia tomó otro   rumbo, que muchos llamaron el ‘posconcilio’. A nombre del Concilio, muchos   sembraron confusión, que dio un resultado inverso al buscado: el hombre de hoy   ya no tenía la fe católica de siempre, sino ‘novedades’ doctrinales totalmente   diferentes.

El vaticanista Sandro Magister   compara la crisis actual de la Iglesia con aquella otra que ocurrió en el   siglo IV. Después del Concilio de Nicea la situación del catolicismo era como   el de “una batalla naval en medio de la oscuridad de la tempestad”.

La respuesta de Nicea a la   crisis fue la proposición del Credo, en la versión que seguimos recitando en   la Misa dominical. Y la Iglesia salió adelante. Por eso, Benedicto XVI ha   propuesto como respuesta ‘la fe de siempre’, el Credo, con la confianza de que   así se pasará la crisis eclesial actual.

El hombre está hecho para   creer. Si no cree en el Dios de la religión, entonces hace actos de fe en   dioses de este mundo, fabricados por los humanos. Y el Papa alemán les ha   puesto nombres a las ‘divinidades’ contemporáneas, que son “las grandes   potencias de la historia de hoy” (Meditación, 11.XI.2010).

1)  “Los capitales anónimos que esclavizan   al hombre”, que son “un poder anónimo al que sirven los hombres, por el que   los hombres son atormentados e incluso asesinados”.

2)  “Las ideologías terroristas”: son la   violencia cometida “en nombre de Dios, pero no es Dios: son falsas divinidades   a las que es preciso desenmascarar”.

3)  “La droga”, “una bestia feroz extiende   sus manos sobre todos los lugares de la tierra y destruye”, es “una divinidad   falsa, que debe caer”. Y 4) “La forma de vivir propagada por la opinión   pública”, que dicta “hoy se hace así: el matrimonio ya no cuenta, la castidad   ya no es una virtud, etcétera”.

El Papa explica la entera   Historia bíblica como una gran batalla para ser liberados del politeísmo, de   los dioses de este mundo, como un proceso que ‘no ha terminado nunca’, ya que   se “realiza en los diversos períodos de la historia con formas siempre   nuevas”.

Sin embargo, es la fe auténtica   –la que cree en Dios, la que tiene sentido sobrenatural, la que busca algo más   que dioses creados por intereses humanos– la va a destronar a los potencias   que dominan y destruyen al hombre de hoy.

Por eso, Benedicto como sabio   guía de la Iglesia ha empuñado una espada forjada hace dos mil años: el Credo,   la fe de siempre. Morirá seguramente sin ver los resultados; pero la estocada   que ha infligido a los dioses de hoy es mortal. “Los que parecían dioses no   son dioses y pierden el carácter divino, caen a tierra”

Fe y razón

Luis-Fernando Valdés

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http://www.columnafeyrazon.blogspot.com


Publicado por tabor @ 12:56  | Desarrollo Vaticano II
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