Martes, 04 de junio de 2013

JUAN XXIII El 3 de junio de 1963 murió Papa Roncalli, y hay algunos que subrayan muchas semejanzas con el Papa Bergoglio. ANDREA TORNIELLI CIUDAD DEL VATICANO

«Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor…» Palabra de Papa Roncalli, fallecido justamente hace 50 años, y que describen muy bien el estilo de su quinto sucesor, Francisco, llamado «desde el fin del mundo».  Las comparaciones son prematuras, el nuevo Papa todavía no ha cumplido los primeros 100 días del Pontificado, pero Francisco ha suscitado una gran oleada de simpatía. A pocas semanas de su elección, las imágenes con su rostro se han instalado en muchas casas, tanto en los Ángelus como en las Audiencias la presencia de los fieles es imponente, la Prefectura de la Casa Pontificia recibe miles y miles de faxes y peticiones de los peregrinos que quieren participar en sus encuentros. Como el “Papa bueno”, Bergoglio también improvisa y predica sencilla y eficazmente.     Esa frase sobre su «persona que no cuenta nada», Juan XXIII la pronunció en el famoso e imprevisto «discurso a la luna» después de la inauguración del Concilio Vaticano II, fruto de la decisión más importante del Papa de Bérgamo. La versión que pronunció de aquel discurso se puede encontrar en el libro de edizioni San Paolo “Papa Juan XXIII”, de los dos Domenico Agasso (padre e hijo)   Fue Loris Capovilla, el ex-secretario de Roncalli, el que dio su visto bueno a las comparaciones entre Juan y Francisco. Hace algunos días, al recordar la serenidad, la sencillez y la manera («inolvidables»Gui?o con las que el “Papa Bueno” se dirigía a las personas, dijo: «Sucede lo mismo con Papa Francisco. Cuando va pasando por Plaza San Pedro da la impresión de que querría darle la mano a todos, querría dedicar una caricia a todos. Es esta la humanidad de Dios que demuestra... En Papa Francisco son evidentes la bondad y la humanidad de Dios que se muestra a la gente común».   Don Primo Mazzolari, cuando Juan XXIII fue elegido, dijo: «Tenemos un Papa de carne». «No se trata de una cosa banal –observó Capovilla– , porque Dios se hizo carne. Papa Francisco lo manifiesta elocuentemente».   Durante los días que siguieron a la elección del nuevo Papa, la comparación Roncalli-Bergoglio surgió en muchos frentes: el cardenal italiano Angelo Bagnasco dijo que veía en Francisco «el estilo, la sencillez, la bondad, pero también la capacidad de gobierno de Juan XXIII». El cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo “Cor Unum”, definió a Francisco como «una figura buena», como Roncalli. El cardenal chino Joseph Zen explicó: «cuando la gente conozca a Francisco, lo amará como amó a Juan XXIII». Una previsión que se está haciendo realidad. Y, ¿qué decir de la frase («mi gente es pobre y yo soy uno de ellos»Gui?o que pronunció el entonces cardenal Bergoglio para explicar su decisión de usar solo una habitación del arzobispado de Buenos Aires, en la que se cocinaba solo muy a menudo? Palabras que Roncalli, orgulloso de sus orígenes campesinos, habría hecho suyas sin titubear.    También se puede recordar la novedad de la visita a los presos, en la Navidad de 1958, cuando Juan pronunció un discurso improvisando en el que recordaba a un pariente arrestado. Palabras que entonces censuró “L’Osservatore Romano”. Más de medio siglo después, con el sucesor argentino visitando –para celebrar su primer Jueves Santo– el instituto penitenciario para menores de Casal del Marmo, hay quienes se irritan por este estilo directo, que a veces olvida cualquier protocolo.   Pero también es el mensaje clave de la misericordia el que une a ambos Pontífices. Juan XXIII insistía en la «medicina de la misericordia»; Francisco, desde los primeros días de su Pontificado, dijo: «El mensaje de Jesús es la misericordia. Para mí, lo digo humildemente, es el mensaje más fuerte del Señor».     Ambos presentan una imagen de Iglesia que está cerca de los hombres, una amiga que no se concibe como “tribunal” del mundo. Ambos se muestran fuertemente arraigados en esa fe sencilla y popular que en Roncalli se nutría del catolicismo lombardo y en Bergoglio, del catolicismo latinoamericano. Ambos se muestran alejados del intelectualismo de los que están acostumbrados a las discusiones, a los proyectos y a las reformas de salón.   El 3 de septiembre de 2000, al beatificar a Roncalli, Papa Wojtyla dijo: «Ha quedado en el recuerdo de todos la imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar al mundo entero. ¡Cuántas personas han sido conquistadas por la sencillez de su corazón, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas! Ciertamente la ráfaga de novedad que aportó no se refería a la doctrina, sino más bien al modo de exponerla; era nuevo su modo de hablar y actuar, y era nueva la simpatía con que se acercaba a las personas comunes y a los poderosos de la tierra». Al escuchar lo que describen los peregrinos que se reúnen en la Plaza San Pedro ahora, parecería que le expreciencia se repite.


Publicado por tabor @ 1:31  | Los papas y los concilios
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