Lunes, 05 de septiembre de 2016

RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

 MUJERES EN MINISTERIOS ECLESIÁSTICOS. UN PROBLEMA REVITALIZADO A PARTIR DEL VATICANO II (pp. 39-61)

 

Hay en la historia de la Iglesia católica dos grupos de problemas muy característicos. El primero, "sobre el candelero" en constante actualidad y por ello incesante objetivo de la reflexión teológica. El segundo, "bajo el celemín", por permanecer de ordinario en la penumbra. Algunos temas de este último grupo desaparecen con el tiempo para fosilizarse en una zona, sólo accesible a los especialistas de la historia o la "arqueología" eclesiásticas. Otros, sin embargo, continúan latentes, experimentando de vez en cuando intermitencias en su secreta vitalidad. Arrinconados tal vez durante mucho tiempo, emergen de nuevo por diversas razones a la luz del interés teológico e incluso penetran en la zona polémica de la opinión pública eclesial. Entre estos últimos problemas se encuentra hoy día el de la posible ordenación de la mujer en los ministerios de la Iglesia católica.

RELEGADO al olvido por una tradición multisecular y aparentemente sentenciado de forma definitiva por la rotunda formulación del Derecho Canónico1, muy pocos pensaban, hace tan sólo decenios, en un posible replanteamiento teológico y existencial de la ordenación femenina en los ministerios eclesiales. De ahí que la bibliografía al respecto fuese también relativamente parsimoniosa2.

1 El canon 968, $ 1, afirma: "Sólo el varón bautizado puede recibir válidamente el santo sacramento del orden". Cf. S. GINER, "La mujer y la potestad del Orden,", Revista Española de Derecho Canónico, 9 (1954), 841-869; I. RAMIG, Der Ausschluss der Frau vom priesterlichem Amt. Gottgewolte Tradition oder Diskriminierung? Eine recht-hostorisch-dogmatische Untersuchung von Kanon 968 § 1 des CIC. (Köhlau),) 1973, 232 páginas.

2 Aparte de los repertorios generales y diccionarios especializados, véase la bibliografía presentada, hasta 1969, por H. VAN DER MEER, Priestertum der Frau?, Freiburg/B (Herder), 1969, pp. 197-213.

Y, sin embargo, desde hace pocos años, esta cuestión ha experimentado una vitalidad extraordinaria, ocupando el primer plano del interés. No se trata simplemente de que la teología más especializada oriente sobre ella los haces de su investigación. Es toda la Iglesia, jerarquía y pueblo de Dios, la que permite, saluda y aun promueve su relanzamiento desde nuevas perspectivas, a nivel individual y colectivo, de comunidades locales y de Iglesia Universal. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

El feminismo en el Vaticano II y el posconcilio

Como en otras situaciones análogas, los primeros estímulos para el cambio de perspectiva han partido del mundo secular3. Poco a poco, con todo, las preocupaciones feministas encontraron eco en la Iglesia católica. Si Pío XII acusa ya el impacto en su fina sensibilidad, Juan XXIII constituye la verdadera apertura. Pocas semanas antes de su muerte, el 11 de abril de 1963, el Papa Roncalli publicaba su inolvidable Encíclica Pacem in Terris donde apoyaba decididamente la entrada de la mujer en la vida pública y su toma de conciencia como persona adulta en el hogar y en la sociedad4.

3 La bibliografía sobre el particular es abundantísima y pluriforme. Como obras representativas de diferentes tendencias, véanse, entre otras: S. DE BEAUVOIR, El Segundo Sexo. Buenos Aires (Leviathan), 1957-1958; F. J. BUYTENDIJK, La mujer. Madrid (Revista de Occidente), 1955; A. MYRDA, y K. VIOLA, La mujer y la sociedad contemporánea, Barcelona (Peninsular), 1969; P. SARTÍN, La promoción de la mujer, Barcelona (Labor), 1969; E. SULLEROT, La mujer, tema candente, Madrid (Guadarrama), 1971.

4 AAS. LV (1963), 267 ss. Cf. M. A. GALINO, "La mujer en el mundo de hoy", en Comentarios a la Pacem in Terris, Madrid (BAC), 1963, pp. 218-236.

5 A. MEARES, The New Woman, London (Collins), 1974.

6 Gaudium et Spes, núms. 9 y 29 AAS, LVIII (1966), 1031 y 1049.

7 Apostolicam Actuositatem, núm. 29 AAS, LVIII (1966), 846.

Aquella afirmación, hoy evidente, suponía la superación de la mentalidad masculinista, hasta entonces oficial y mayoritaria en grandes sectores de la Iglesia católica. Su maduración, no obstante, estaba reservada al Vaticano II. Podría decirse que este Concilio Ecuménico no sólo intuye, sino que además acepta e intenta asimilar los profundos cambios que en el mundo suponen la aparición del prototipo de "mujer nueva", cuyas características podrían resumirse así: igualdad de oportunidades con el varón, autodecisión y autoresponsabilidad5. Esto llevaba consigo necesariamente cambios profundos, no sólo en lo más recóndito de su personalidad, sino además en su entorno social y en su contorno cultural y humano.

La corriente positiva de este signo de los tiempos fue prontamente recogido "sobre la marcha" por Pablo VI, que sorprendería a la opinión pública con el nombramiento de una veintena de auditoras para la Asamblea Ecuménica. Esta decisión papal, que aglutinaba claramente la preocupación de muchos padres y peritos conciliares, contribuyó de forma decisiva para que el nuevo síntoma fuese debidamente presentado e interpretado. Su cristalización doctrinal más importante aparece tanto en la Constitución Pastoral sobre La Iglesia en el mundo de hoy6 como en el Decreto acerca de La Actividad Apostólica de los Seglares7. Ambos documentos insisten RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

decididamente en rechazar toda discriminación sexual y en fomentar la promoción de la mujer en el apostolado de la Iglesia.

Estos principios, a pesar de su relativa generalización, iban a abrir pronto camino a imperativos más concretos. El primer posconcilio con su clima de entusiasmo y renovación religiosos, produciría el cambio deseado.

De entrada hay que aclarar que, aunque el Vaticano II con su Decreto sobre el orden presbiteral continúe en la tradición eclesiástica casi bimilenaria de reserva el sacerdocio a los varones8, esto no representa ninguna decisión dogmática nueva o definitiva. Menos aún la Constitución dogmática sobre la Iglesia que, al precisar la entidad del diaconado como grado inferior jerárquico, lo inscribe en un orden ministerial y no precisamente en el sacerdotal9. Lo mismo podría decirse de las Normas sobre el diaconado permanente, instituido en 196710 o de la Instrucción para la exacta aplicación de la Constitución litúrgica "Sacrosantum Concilium", cuya actitud restrictiva con respecto a la mujer llamó poderosamente la atención de la opinión pública, por el bloqueo que representaba11. Tampoco el "motu proprio" Ministerio quaedam, de agosto de 1972, sobre la reforma de las órdenes menores, que sigue reservando a los varones el lectorado y el acolitado12. Todos estos documentos confirman evidentemente una actitud oficial de tipo canónico, pero no representan ni una respuesta dogmática ni mucho menos definitiva. De ahí, que sean compatibles no sólo con la investigación de la teología acerca de una tradición disciplinar con fundamentación bíblica poco clara, sino incluso con peticiones de diversos organismos y estamentos eclesiales, en orden a su modificación sustancial.

8 Presbyterorum Ordinis, núms. 2, 3, 6 AAS, LVIIÍ (1966), 991-996.

9 Lumen Gentium, núm. 29 AAS, LVII (1965), 36.

10 Sacrum Diaconatus Ordinem, AAS, LIX (1967), 697-704.

11 AAS, LX (1970), 692-704.

12 AAS, LXIV (1972), 529-540.

Declaraciones y peticiones privadas

Entre las resoluciones más radicales de formulación, emitidas después del Concilio, habría que recordar, en primer lugar, la presentada en 1967 por el grupo holandés "Cooperación hombre-mujer en la Iglesia", de la Asociación "St. Willibrord Vereniging". Su planteamiento, aunque radical, toca el fondo del problema con las palabras siguientes: RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

"Las estructuras (eclesiales) actuales, típicamente masculinas, deberían dejar paso a otras nuevas, en donde las aportaciones del varón y la mujer se integren de manera absolutamente igual. No se trata, pues, de unos cambios completamente exteriores, que afectan al reparto de tareas. Es necesario que nazca en la Iglesia una mentalidad completamente nueva, basada en la profunda convicción de la igualdad entre varón y mujer"13.

13 "Femmes et hommes dans 1'Eglise", Bulletin d'Information, Bruxelles, 1971, p. 8.

14 "Femmes et hommes dans l'Eglise", Bulletin d'Information. Bruxelles, 1971, pp. 7-8. La UMOFC, fundada en 1966, cuenta entre sus asociadas unos treinta millones de mujeres católicas de todo el mundo.

Dos años más tarde, en junio de 1969, la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) recogía los impulsos aparecidos en un coloquio celebrado, poco antes, en París sobre el tema "La mujer y el derecho canónico", y hacía públicas, entre otras, las peticiones siguientes:

"1. Que se incluyan y apliquen en la legislación de la Iglesia los derechos fundamentales de la persona humana, que implican una igualdad entre hombre y mujer en el cumplimiento de su vocación humana en la vida familiar, cívica, social y eclesial.

2. Que adquieran fuerza de ley en la medida que le corresponda, los derechos del hombre, tal cual han sido formulados en la Encíclica 'Pacem in Terris'.

3. Que sean suprimidas todas las prescripciones y medidas que suponen o indican una discriminación en detrimento de la mujer, existentes en el derecho canónico vigente y en una serie de cánones discriminatorios, completamente superados por la vida moderna"14.

En la misma dirección se sitúan las peticiones realizadas por la Asociación femenina "Alliance International Jeanne d'Arc", especialmente a partir de 1969.

Podríamos citar todavía numerosos testimonios de estas o parecidas organizaciones. Los omitimos por brevedad y porque en realidad no añaden nada nuevo, fuera de la insistencia en la igualdad varón-mujer, de la que parecen deducir, en algunos casos, un posible "derecho femenino" al ministerio sacerdotal. Sin embargo, hay que notar que semejante derecho en sentido estricto tampoco existe para el varón, por lo que el posible argumento carece totalmente de fuerza probativa. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

Peticiones de organizaciones oficiales

En nivel superior a las anteriores, habría que situar las declaraciones y peticiones realizadoras por organismos católicos, sostenidos y aun convocados oficialmente por la Iglesia.

La más significativa de todas podría ser la quinta resolución adoptada por la asamblea del Tercer Congreso Mundial de Apostolado Seglar celebrado en Roma, octubre de 1967, que dice textualmente así:

"Considerando que el bautismo, al incorporar los seres humanos, hombre y mujer, a Cristo, los constituye sin ninguna distinción 'personas' en el Señor y recordando la palabra de San Pablo que condena toda discriminación entre los seres humanos (Gal 3.28) y con el convencimiento de que el lugar asignado a la mujer en la Iglesia se debe a factores socioculturales y que en la mayoría de los países, la evolución de la condición femenina marcha hacia la perfecta igualdad de derechos entre hombre y mujer, el Tercer Congreso mundial de Apostolado Seglar formula su deseo de ver concedidos a la mujer los derechos y responsabilidades del cristiano en el seno de la Iglesia católica y que se emprenda un serio estudio doctrinal acerca de la situación de la mujer en el orden sacramental y en la Iglesia. El Congreso pide, además, que mujeres competentes tomen parte en todas las comisiones pontificias y que mujeres especialistas sean consultadas respecto a la revisión de los cánones que afectan a la mujer, para que la dignidad femenina sea plenamente reconocida y se concedan a la mujer mayores posibilidades en el servicio de la Iglesia"15.

15 Cf. Crónica y documentación del Congreso, Apostolado laical 272-312, 36 (1967).

Como se ve, la posición de este Congreso enlaza directamente con el Decreto vaticano sobre el Apostolado seglar, intentando sacar las conclusiones prácticas que sus principios parecían suponer.

Pablo VI recogió algunas de aquellas peticiones. En efecto, a partir de entonces son varias las mujeres que poco a poco han sido admitidas en algunas Congregaciones de la Curia romana. También se ha conseguido un avance en la línea de la investigación teológica oficial de la Iglesia, como veremos más adelante, que era otra de las principales peticiones entonces formuladas.

Resoluciones en asambleas de iglesias locales

De índole eclesial todavía superior son las resoluciones y peticiones formuladas por determinadas Iglesias locales, en presencia de sus obispos. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

La primera de ellas, tanto en el tiempo como en resonancia internacional, fue la emitida por el Concilio Pastoral de la Provincia eclesiástica de los Países Bajos16.

16 M. ALCALÁ, ¿El cisma de Holanda?, Madrid (PPC), 1971, 205 pp.

17 Cf. Idoc International, núm. 12 (1970), 6-82, y M. ALCALÁ, o. c. pp. 142 y 151.

18 Pastoraal Concille VI, p. 330.

La preparación de su quinta Asamblea Plenaria (1969) trataba especialmente del documento "Hacia la fructuosa y renovada actuación del ministerio sacerdotal". Este informe, valioso en algunos análisis, presenta una serie de afirmaciones sumamente discutibles desde la doctrina tradicional de la Iglesia. De ahí, que suscitase el alerta del Papa. Pablo VI, en carta al cardenal Alfrink, primado de Holanda, expresó claramente sus preocupaciones. El episcopado de los Países Bajos recogió fielmente aquellos avisos, y por boca de Mons. J. Moeller, obispo de Groningen, expuso a la Asamblea sus propias reservas. Concretamente se referían a la presidencia eucarística del seglar y a la ordenación de la mujer en el ministerio (sacerdotal). ¿Sólo factores histórico-sociológicos habían influido en la Tradición? ¿No había además datos teológicos?17.

A pesar de estas reservas y de la debilidad doctrinal del documento, la Asamblea, turbada emocionalmente por el problema celibatario, aprobó por 72 votos, frente a 12 en contra y 24 abstenciones, la resolución siguiente:

"Es importante que la mujer sea pronto integrada en todos los ministerios eclesiales cuando su nombramiento plantea pocos o ningún problema. La evolución ulterior debería orientarse a que la mujer desempeñe todas las funciones eclesiales, incluida la celebración de la Eucaristía"18.

Este testimonio, que sorprende por su rotundidad, se cita generalmente con poca precisión, olvidando que, de los nueve obispos que integraban la Conferencia Episcopal holandesa, sólo uno votó a favor. Tres se abstuvieron y cinco votaron en contra. Esto quita a la petición toda su fuerza jerárquica episcopal colegiada.

Otro documento eclesial de tipo análogo fue la cuarta resolución del informe sobre servicios y ministerios eclesiales, presentada y aprobada en el Encuentro europeo de delegados de Consejos presbiterales diocesanos, celebrado en Ginebra en abril de 1971. La resolución, muy equilibrada, RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

afirma la conveniencia de estudiar el problema sin demora19. Dos meses más tarde, se presentaba una proposición similar en el Consejo Interdiocesano belga de habla flamenca. Su formulación, sin embargo, es mucho más matizada, y la votación en la que no participan los obispos, extremadamente indecisa. Dice así:

19 MARRANZINI, A., Incontro di preti europei a Ginevra, La Civilta Cattolica, 122 II. 167-183 (1971).

20 Cf. "Femmes et hommes dans l'Eglise", p. 14.

21 Cf. Informations Catholiques Internationales, 15-1-71, p. 16.

"33. El sacerdocio debe ser accesible a la mujer, si no hay contra ello ninguna objeción teológica. (Votos a favor: 31; en contra: 30).

34. ... por no haber contra ello ninguna objeción teológica. (Votos a favor: 23; en contra: 38)"20.

Como puede observarse, en la medida en que teólogos y sacerdotes participan en estas asambleas, desciende el porcentaje en favor de una innovación apresurada.

Tal vez por esto llamó poderosamente la atención la Declaración colectiva de la Conferencia episcopal canadiense sobre la situación de la mujer en la Iglesia. Al reunirse, en abril de 1971, en Ottawa para preparar el Sínodo Episcopal del siguiente octubre, los 65 obispos, con una sola excepción, la de mons. Pusnak, obispo auxiliar de la diócesis "ucraniana" de Toronto, admitieron las cinco recomendaciones que les habían sido presentadas por la Asociación de Mujeres Católicas. Dicen así:

"1. Que se declare claramente y sin equívocos, que las mujeres son miembros de la Iglesia en plenitud, con los mismos derechos, privilegios y responsabilidades que los hombres.

2. Que el próximo sínodo levante todas las barreras impuestas por el derecho canónico contra las mujeres.

3. Que mujeres cualificadas tengan acceso al ministerio.

4. Que se anime la presencia y actividad femeninas en todos los organismos de la Iglesia.

5. Que se tomen las medidas oportunas para que la actitud del clero respete la dignidad femenina en los problemas relativos a la sexualidad y el matrimonio"21.

Se observará que, en estas recomendaciones, la Conferencia Episcopal canadiense se mantiene en una postura genérica, sin concretar entre ministerios no ordenados y ordenados, ni, dentro de estos últimos, entre diaconado y presbiterado. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

Semejante precisión aparece ya acertadamente formulada en el Sínodo Interdiocesano de la República Federal Alemana, iniciado en 1972 y cuya clausura está prevista para 1975. Como postura fundamental, este Sínodo, en su amplia documentación, evita cualquier discriminación al referirse al seglar22.

22 M. ALCALÁ, "Agitación en el Sínodo alemán", Razón y Fe, 901 (1973), pp. 162-164.

23 SYNODE, 7 (1973), Ergänzungen zur Vorlage: Pastorale Dienste in der Gemeinde, páginas 41-42.

24 M. ALCALÁ, "Obispos y Sínodo en Alemania Federal", Razón y Fe, 918 (1974), páginas 61-75.

Para su Quinta Asamblea Plenaria, mayo de 1974, al tratarse del informe "Servicios pastorales en la comunidad eclesial", se habían proyectado, entre otras, las siguientes peticiones explícitas:

"1." El Sínodo pide al Papa la derogación de los decretos por los que se reserva a los varones el lectorado y el acolitado. Además, que en toda la legislación canónica, se atienda a la dignidad e igualdad de derechos de la mujer...

3.° El Sínodo pide al Papa la admisión de la mujer al diaconado sacramental."

Entre las recomendaciones de la misma Asamblea, a la Conferencia episcopal, figura también la siguiente, que afecta directamente a nuestro tema:

"3.° Creación de una comisión que, de acuerdo con el espíritu y mentalidad del Sínodo episcopal romano de 1971 y para el ámbito de su jurisdicción, estudie el problema de la situación de la mujer en la Iglesia y la sociedad"23.

La Conferencia episcopal alemana presentó numerosos reparos a los documentos, especialmente respecto al diaconado femenino, insistiéndose durante la misma Asamblea en la necesidad de mayor profundización teológica. El problema, pues, se retrasa, pero no se cancela24.

Lo mismo podría decirse respecto a los sínodos diocesanos de la Iglesia austríaca. Así en el de Viena, clausurado en otoño de 1974, los obispos locales han aprobado las directrices, resoluciones, declaraciones y apelaciones, relativas a la igualdad de derechos y responsabilidades de ambos sexos en la sociedad y en la Iglesia. Acerca de los ministerios femeninos ordenados, los obispos de Austria han preferido orillar públicamente el tema, por considerarlo todavía teológica y bíblicamente inmaduro. Sin embargo, han dirigido a la Sede Apostólica cinco peticiones, RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

entre las que figura una, relativa a la admisión de la mujer al diaconado, que fue votada afirmativamente por siete obispos25.

25 WIENER DIÖZESANBLATT, Promulgation der Synodalbeschlüsse aus der III Session, Wien. Sonderdruck, 109-110, Jahrgang, p. 9.

26 Rapport de la Commission internationale de Théologie, Le ministére sacerdotal, París (Cerf), 1971, 128 pp.

27 El documento sinodal se titula: De sacerdotio ministeriali. Lineamenta argumentarum de quibus disceptabitur in coetu generali, Romae (Typis vaticanis) 1971. Sobre la doctrina papal, cf. PABLO VI, Siervos del Pueblo. Reflexiones y discursos sobre el sacerdocio ministerial, Salamanca (Sígueme), 1971, 451 pp.

Por aquellas mismas fechas, el Consejo Pastoral interdiocesano belga de habla flamenca, reunido en presencia de sus obispos con excepción del de Gante, L. Van Peteghen, avanza respecto a la petición hecha hace un trienio y solicita concretamente la accesión femenina al diaconado.

Todas estas recomendaciones provienen de Iglesias particulares. Sin embargo, el problema ha entrado desde hace algún tiempo en las preocupaciones de la Iglesia, reunida a nivel universal.

El problema en los sínodos episcopales

Los temas designados por Pablo VI para la segunda Asamblea General del Sínodo de los obispos, Roma y octubre de 1971, eran dos: "El sacerdocio ministerial" y "La Justicia en el mundo y en la Iglesia".

Durante la preparación teológica del acontecimiento no habían faltado determinadas tensiones, especialmente respecto al tema sacerdotal. Frente a la acentuación ministerial del presbiterado, hecha por la Comisión Teológica Internacional en su informe previo26, aparece una impostación sacral del mismo, realizada por el documento oficial del Sínodo. Este último enfoque era, por supuesto, el del Papa Pablo VI, según aparece claramente en sus repetidas intervenciones sobre el tema a lo largo de todo aquel mismo año27.

Aunque el problema de los ministerios femeninos se evitaba cuidadosamente en ambos documentos, es innegable que empalma mejor, tanto histórica como dogmáticamente, con la concepción ministerial del sacramento del orden que con la específicamente sacral. No es, pues, extraño que un asunto en realidad latente apareciese repentinamente en el Aula al hilo de las discusiones. Lo verdaderamente llamativo fue que se hizo con RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

fuerza desacostumbrada, indicando que se trataba de un tema evidentemente reprimido.

Fue precisamente el cardenal George Flahiff, arzobispo de Winnipeg, quien el 11 de octubre, en la sesión sinodal matinal y en nombre de la conferencia episcopal canadiense que presidía, afirmó, entre otras cosas, lo siguiente:

"Los textos del Vaticano II emiten categóricas afirmaciones contra la discriminación de la mujer en la Iglesia. Con todo, tenemos que reconocer que muchas mujeres católicas excelentes, lo mismo que otras personas, consideran que no se ha hecho un notable esfuerzo para el cumplimiento de esta doctrina. Esperan pacientemente la revisión del código de derecho canónico y la eliminación de todos aquellos pasajes discriminadores, como un gesto de autenticidad...

Respecto a lo que se ha dicho sobre la creciente diversificación de ministerios en la Iglesia, no veo cómo pueda dejarse de plantear el problema de la accesión de la mujer a tales ministerios. Seríamos infieles a nuestro deber con más de la mitad de la Iglesia si, al menos, no tocamos este tema...

... que el Sínodo episcopal pida al Santo Padre la institución inmediata de una comisión mixta (es decir: compuesta de obispos, sacerdotes, seglares de ambos sexos, religiosos y religiosas) para estudiar con profundidad los ministerios femeninos en la Iglesia"28.

28 Citado en Operation Synod. Woman in the Church, p. 1

29 AAS. LXII (1970), 593.


Publicado por tabor @ 21:40  | Eclesiologia del Vat. II
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