Lunes, 05 de septiembre de 2016

Como puede verse, el cardenal Flahiff transmitió el espíritu de las cinco recomendaciones hechas por las mujeres católicas del Canadá, aunque supo formularlas de acuerdo con el auditorio que le escuchaba. No se olvide que las sesiones sinodales estaban presididas por el mismo Papa, cuyo criterio personal al respecto había sido formulado inequívocamente en la alocución de 27 de septiembre de 1970, al proclamar doctores de la Iglesia a Santa Teresa de Ávila y Santa Catalina de Siena. "La mujer no está destinada a tener en la Iglesia funciones jerárquicas magisteriales o ministeriales", había dicho rotundamente Pablo VI29.

La intervención del cardenal Flahiff, a pesar de su equilibrio, cayó lógicamente en el Aula sinodal como una bomba. La impresión general era que se había pulverizado un "tabú" secular de la Iglesia católica. Por esto mismo, se desencadenó una pequeña discusión, más emotiva que eficaz, RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

porque su estado de la cuestión no llegó a precisarse debidamente. Tampoco hubo, ni en favor ni en contra, intervenciones esclarecedoras desde el punto de vista teológico o pastoral. Es cierto que el problema volvió a aflorar, también inesperadamente, durante la segunda fase sinodal, al tratarse de la justicia en la Iglesia.

Numerosos sinodales advirtieron que la discriminación secular de la mujer constituía una verdadera injusticia "dentro de casa". Sin embargó, el tema específico de la ordenación femenina, diaconal o sacerdotal, no hizo nuevos avances decisivos.

Entre las intervenciones innovadoras más significativas, habría que recordar la de Monseñor Samuel Carter, S. J., arzobispo de Kingston (Jamaica). Hablando el nombre propio, afirmó lo siguiente:

"Debería considerarse el problema de la admisión de la mujer a la ordenación, siendo así que contra ella no existen razones de orden teológico y las de tipo cultural no pueden considerarse vigentes actualmente"30.

30 Operation Synod. Woman in the Church, p. 1-2

31 Operation Synod. Woman in the Church, p. 2

Por su parte, el obispo de Oslo (Noruega), Monseñor John Gran, cuya sinceridad al tocar el conflicto del celibato llamó profundamente la atención, precisó su opinión, sobre el tema que nos ocupa, de la manera siguiente:

"Debería emprenderse un serio estudio, preferentemente por parte de la Comisión Teológica Internacional, sobre la posibilidad de la ordenación femenina. Si ésta resulta teológicamente aceptable, creo que la Iglesia debería autorizarla en aquellas regiones que la deseen. Así, al menos, en estas regiones se podría superar la escasez de sacerdotes"31.

Finalmente, el arzobispo de St. Paul-Minneapolis (USA), Leo Byrne, tras insistir en la igualdad de derechos que la justicia eclesial pide para ambos sexos, añadió refiriéndose al tema de la ordenación:

"Las conferencias episcopales deberían emprender serios estudios de su propia cultura nacional y de la práctica del derecho canónico, para eliminar cualquier forma de lesión de los derechos de la mujer en la vida civil o eclesiástica. Estos estudios deberían ser complementados pero no reemplazados por el estudio de la Comisión Internacional... Tales estudios deberían investigar la posibilidad de acceso de mujeres cualificadas al RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

servicio de la Iglesia. Yo presentaré al secretario del Sínodo un memorándum especial sobre este punto. La exclusión de la mujer de los servicios eclesiásticos no debería fundarse en ningún argumento que emane de prejuicios masculinos, de una ciega adhesión a tradiciones meramente humanas, que pudieron enraizar en la posición social de la mujer en el pasado, o de una interpretación discutible de la Escritura"32.

32 Operation Synod. Woman in the Church, p. 4.

En esta misma dirección intervinieron otros sinodales, como el patriarca de Antioquía, Máximos V; el arzobispo de Onitsha (Nigeria), F. Arintze o el obispo de Metz (Francia), P. Schmitt. Por su parte, Monseñor Donald Lamont, obispo de Umtali (Rodesia), pidió la admisión de la mujer en las congregaciones, comisiones y secretariados vaticanos, mientras que el P. Th. van Asten, superior general de los PP. Blancos, afirmó tajantemente que la tradicional inferioridad de la mujer en la Iglesia era hoy completamente inaceptable.

Naturalmente, no faltaron tampoco voces contra la tesis renovadora. Fueron, sin embargo, minoritarias. La más representativa fue tal vez la del cardenal J. Slipyj, arzobispo metropolita de Leopoli (Ucrania, URSS), actualmente en el exilio romano, que no hizo sino repetir sin más el argumento "rutinario" de que la ordenación femenina se opone a la Escritura y a la Tradición eclesial.

La Sede Apostólica acogió con interés algunas de las sugerencias hechas en el Sínodo, pero que se sepa no ha iniciado ninguna medida radicalmente nueva. Más bien habría que afirmar que mantiene su postura, según se indicó al hablar del documento regresivo sobre la reforma de las órdenes menores. En cambio y siguiendo un estilo típicamente alternante, encargó la Comisión Teológica Internacional que emprendiese el estudio del problema del diaconado femenino y abrió parsimoniosamente las puertas de la Curia romana para que algunas mujeres escogidas ocupasen puestos en sus oficinas y sagrados dicasterios. Finalmente, Pablo VI, el 3 de mayo de 1973, anunció el nombramiento de la Comisión, que le había pedido el Sínodo de 1971, con la siguiente fórmula:

"Queremos también que las mujeres reciban su propia parte de responsabilidad y participación en la vida comunitaria de la sociedad y en la Iglesia. Sugerimos se haga un estudio profundo sobre la materia, mediante instrumentos adecuados, por ejemplo una RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

Comisión mixta de hombres y mujeres, religiosos y seglares de diferentes situaciones y disciplinas"33.

33 AAS. 63 (1971), 933-934. Cf. M. ALCALÁ, "Retrospectiva crítica del Sínodo episcopal", Razón y Fe, 184 (1971), pp. 473-481

34 Comission d'Etude sur la femme dans la societé et dans l'Eglise", Rapport presenté un Synode des Evêques, 23, octubre 1974.

El organismo creado se denomina oficialmente Comisión de estudio sobre la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Consta de 25 miembros, de ellos 15 mujeres, en su mayoría provenientes de países occidentales, bajo la presidencia de Monseñor E. Bartoletti, actual secretario de la Conferencia episcopal italiana.

La índole de esta Comisión es extraordinariamente llamativa. Por lo pronto, no constituye ninguna institución eclesial propiamente dicha. De ahí, que no dependa de ningún dicasterio de la Santa Sede, sino que goza de relativa autonomía y puede presentar sus conclusiones directamente al Papa. Sin embargo, por otra parte, se trata de un organismo temporal, concebido originariamente para un tiempo no superior al bienio, aunque sus actividades actualmente se han prorrogado, al menos hasta 1975, Año universal de la mujer, proclamado por la ONU.

Lo más significativo, sin embargo, es la serie de restricciones que le han sido impuestas a las actividades de la Comisión. Según el informe oficial, presentado al Sínodo episcopal romano de 1974, en su sesión del 23 de octubre, por su actual presidente Monseñor Bartoletti, el objeto formal de la Comisión

"No es la cuestión del ministerio ordenado para la mujer. Esta restricción, necesaria para respetar las competencias de otros organismos, ha suscitado fuertes polémicas en ciertos medios católicos e incluso en la prensa. Tampoco se trata, en primer lugar, de los ministerios no ordenados, ni tampoco de la mujer en la familia. Se trata esencialmente de la participación y de la responsabilidad de la mujer, de sus derechos y deberes, en la vida comunitaria de la sociedad y de la Iglesia"34.

En el bienio de su existencia, la Comisión ha celebrado ya tres sesiones plenarias. En la primera de ellas (15 a 18 de noviembre de 1973) abordó, entre otros temas, los de "el papel y la misión de la mujer desde el punto de vista teológico" y "la participación femenina en las responsabilidades pastorales y su acceso a los ministerios no ordenados". RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

Esta última cuestión se realizó en colaboración con la Sagrada Congregación para la disciplina de los Sacramentos.

Respecto a la participación de la mujer en la obra de la evangelización, la Comisión ha formulado posteriormente al Sínodo, en otoño de 1974, cuatro moderadas recomendaciones. Todas ellas se refieren a la participación femenina efectiva en la evangelización, tanto a nivel individual como colectivo, a la inserción de las religiosas en la pastoral y la creación de "ministerios no ordenados", formalmente instituidos para tareas misionales y pastorales.

Tras hacer otras recomendaciones en la línea de la educación en vistas al cambio de mentalidad, sobre todo en el clero, que favorezca mejores relaciones de colaboración entre varones y mujeres sobre la base de igualdad fundamental y según la vocación de cada uno en la obra de la evangelización, la Comisión sugiere además los siguientes estudios, a realizar por los organismos competentes:

"1. Que a partir de la Eclesiología del Vaticano II se busque situar mejor el 'ministerio no ordenado' con relación a otras formas de compromiso eclesial, y también a precisar mejor el vocabulario corriente de ministerio, apostolado, servicio, etc.

2. Que se estudie a fondo el problema de la participación de los bautizados no ordenados en la jurisdicción de la Iglesia.

3. Que se emprendan los estudios necesarios para dar una respuesta motivada a la cuestión planteada en la Iglesia respecto al acceso de la mujer al ministerio ordenado. Hay que intentar dar una respuesta no solamente disciplinar sino eclesiológica, capaz de hacer inteligible la praxis eclesial, a partir de estudios bíblicos, teológicos, históricos y de la tradición viva de la Iglesia, no solamente latina, sino también oriental"35.

35 Comissione di studio la donna nella societá e nella chiesa", A l'Assemblee du Synode des Evêques. La participación des femmes a l’oeuvre de l'evangelisation, Roma, Juillet, 1974, pp. 1, 2.

Es evidente que el mero hecho de haberse podido presentar al reciente Sínodo 74 esta serie de peticiones, indica ya un verdadero avance en cambio de mentalidad eclesial que parece afirmarse sólidamente a pesar del ritmo oficial de "andante, ma non troppo".

El mismo Sínodo sobre la Evangelización, en octubre de 1974, por su parte, ha vuelto a demostrar que el problema sigue vivo en la Iglesia. Durante toda su primera parte, dedicada al intercambio de experiencias pastorales del último trienio y a los puntos más echados de menos, han sido varios los sinodales que han insistido en la necesidad de una progresiva RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

integración de la mujer en la evangelización de la Iglesia, tanto a nivel de colaboración como de planificación.

Las intervenciones más significativas podrían ser, entre otras, las siguientes. Monseñor Verschuren (Helsinki) afirmó la conveniencia de reconsiderar en la Iglesia el puesto de la mujer, por encontrarse completamente desfasado respecto al que ella ya ocupa en la sociedad civil de algunas latitudes. Por otra parte, expresó el deseo de que se abriesen a la mujer al menos los ministerios del lectorado y acolitado, no reservados tradicionalmente a los varones. Lo mismo indicó el obispo nigeriano Monseñor Bagala (Koudougou), al hablar de la formación del seglar para la evangelización y recomendar incluso la ordenación de la mujer, si así pareciera a la Iglesia. El P. Koser, superior general de los hermanos menores, insistió también en el ideal de la igualdad de ambos sexos, no sólo en la praxis evangelizadora, sino también en su planificación. Finalmente, el P. Arrupe, General de la Compañía de Jesús, subrayó la importancia de las religiosas en las tareas apostólicas, indicando que convendría darles el puesto que se merecen y la posibilidad de ejercer "las funciones y ministerios que la Iglesia quisiera confiarles".

Tampoco en este Sínodo faltaron voces en contra. La más significativa podría ser la del obispo keniata Monseñor Gatimu (Nyeri), al afirmar que las mujeres deberían contentarse con el sacerdocio común de los fieles y esto "in saecula saeculorum".

El cardenal Cordeiro (Karachi), relator oficial, resumió acertadamente el tema de los intercambios, y al referirse a las mujeres en la evangelización, afirmó que ellas se encuentran todavía esperando el reconocimiento de su puesto en la Iglesia. De ahí, la conveniencia de promover más y más su participación en la evangelización, incluso mediante ministerios adecuados, que deberían instituirse oportunamente35. Por su parte, el cardenal Tarancón (Madrid) en la conferencia de prensa, conclusiva del Sínodo, anunció el final del masculinismo en la vida civil y religiosa.

Es de esperar que semejantes recomendaciones de dos Sínodos episcopales encuentren eco en todos los niveles jerárquicos de la Iglesia y se RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

secunden decididamente los impulsos del Espíritu, que soplan, al parecer, en esa dirección36.

36 Synodus episcoporum. De Evangelizatione mundi huius temporis, Pars Prima. Synthesis relationum et interventionum patrum, Roma (Typis vaticanis), 1974.

37 E. GÖSSMANN, "¿La mujer como sacerdote?", Concilium núm. 34 (1968), pp. 126-137; J. PETERS, "¿Hay lugar para la mujer en los ministerios de la Iglesia?", ibíd., pp. 138-151

38 Cr. Concilium núm. 6 (1970), pp. 317-320.

Estudios teológicos sobre el tema

La reactivación teológico-científica sobre los ministerios femeninos, incluidos los que suponen ordenación sacramental, es también un fruto conciliar de la mayor importancia.

Nuestro objetivo no es ahora entrar en la evaluación pormenorizada de esos estudios, sino más bien señalar sus alternancias de planteamiento y metodología.

Ya en 1966 tuvo lugar en la Universidad de Nôtre Dame, Indiana (USA), una Conferencia Internacional de Teólogos, donde tomaron parte algunos de los artífices del pensamiento del Vaticano II. Al plantearse el problema de una eventual ordenación femenina, diaconal o sacerdotal, las actitudes se dividieron, indicando además que el asunto era todavía algo sorpresivo para la "opinión pública".

Dos años después, la revista Concilium dedicó a este mismo tema una atención predominante37, en una línea cada vez más abierta. Esta dirección florecería en la reunión internacional de la misma asociación, celebrada en Bruselas, en septiembre de 1970. Entre sus resoluciones, hay una sumamente equilibrada, que salió adelante con 143 votos a favor, frente a 21 en contra y 13 abstenciones, y dice así:

"Hay que denunciar la discriminación practicada con la mujer, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Ha llegado la hora de estudiar seriamente el sitio de la mujer en los ministerios"38.

Que sepamos, el grupo Concilium, en cuanto tal, no ha pasado de ahí. Por su parte, numerosos teólogos europeos y norteamericanos, apoyados por sus obispos y a tenor de recomendaciones locales o sinodales, han ido más adelante. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

En diciembre de 1971 tuvo lugar en Lovaina un symposium de teólogos sobre el sacerdocio femenino. Sus conclusiones son interesantes y ayudan a centrar el problema en una dirección inequívocamente abierta39. Se perfila cada vez más la idea de que los argumentos en que se apoya la praxis eclesiástica secular son más que discutibles.

39 LEFÈVRE, CH., "Sur le problem du presbytérat féminin. La recontre louvaniste des 20 et 21 Décembre 1971", Revue Theologique de Louvain (1972), pp. 200-204.

40 Cf. La Documentation Catholique, núm. (1973), pp. 529-531.

41 Ibíd., c. 531.

42 H. VAN DER MEER, Priestertum der Frau? Freiburg/B (Herder), 1969, p. 130.

Un año después, cerca de la Navidad de 1972, Monseñor Leo Byrne, arzobispo de S. Paul, Minneapolis (USA), cuya intervención en el Sínodo 71 hemos señalado más arriba, hacía público un informe sobre el tema, en nombre de su conferencia episcopal. Se titula "Reflexiones teológicas del episcopado norteamericano sobre la ordenación de la mujer" y afectó hondamente la opinión pública local40.

En este informe, la mayoría de los argumentos tradicionales en contra de la ordenación femenina son descalificados o relativizados, como producto de un momento cultural o de una cosmovisión socio-religiosa determinada y sin verdadera vigencia hoy día. Solamente se retienen tres razones, que en realidad no pasan de ser más o menos congruentes: el hecho de que Jesús, al ser un varón, hubiera condicionado la mediación sacerdotal a la masculinidad; el no haber escogido sino varones para el colegio apostólico y, finalmente, la praxis multisecular de la Iglesia. Al reconocerse que no se trata de argumentos apodícticos, se indica que la investigación debe proseguir. Sin embargo, se muestra un cierto escepticismo ante sus posibles resultados y, por ello, se espera la decisión definitiva del Magisterio41.

Esta conclusión, formulada con llamativa prudencia y desde una postura algo tuciorista, coincide, aunque sólo en parte, con las que habían indicado previamente algunos especialistas en la cuestión. Así, por ejemplo, el holandés H. van der Meer, S. J., que resumía su investigación sobre el Magisterio en este asunto, de la manera siguiente:

"Hay ciertamente textos que nos autorizan a afirmar: El Magisterio ordinario, hasta ahora, se ha opuesto al sacerdocio femenino. Sin embargo, desde el punto de vista teológico-científico, no es cierto que esto tenga carácter obligatorio para nuestra época. Puede que sea así, pero no está probado"42. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

También Y. Congar, O. P. ha afirmado recientemente algo parecido al prologar una obra protestante sobre "la mujer y los ministerios en la Iglesia", de tendencia claramente ecumenista. Con esto, el eminente teólogo dominico denuncia una clara evolución aperturista de su pensamiento, mucho más reservado sobre el particular en la reunión teológica de Nôtre Dame, Indiana, en 1966, que hemos citado más arriba43.

43 E. GIBSON, Femmes et ministéres dans l'Eglise, París (Casterman), 1971, p. 12.

44 R. GRYSSON, Le ministere des femmes dans I'Eglise ancienne; Gembloux (Duculot), 1972 Manejo la traducción italiana de la obra // Ministerio della donna nella Chiesa antica. Rome (Cittá Nuova), 1974, pp. 206-208.

45 TH. MERTENS, La promotion de la femme dans la Bible. París (Casterman), 1967,

46 F. SOLA, SJ., Sacrae Theologiae Summa, IV. Madrid (BAC), 1953, p. 170.

47 L. LERCHER, SJ., Institutiones theologiae dogmaticae, II/2, Innsbruck (Rauch), 1950, p. 315.

48 G. CONCETTI, l.'Osservatore Romano, 8, 9, 11, 12, XI, 1965; D. BARSOTTI, L'Osservatore Romano, 22, I 1970

A esta opinión llega también R. Grysson en su notable análisis histórico del problema44. Finalmente, el teólogo belga Th. Mertens, al final de su magnífico estudio sobre "La promoción de la mujer en la Biblia", expone una opinión muy matizada de la manera siguiente:

"Confesamos no poder resolver el problema con los exclusivos recursos de una investigación bíblica. ¿Es definitiva la antropología de San Pablo? Los especialistas modernos tanto psicólogos como sociólogos, responden: La mediación que San Pablo atribuye al varón no parece ser esencial a su naturaleza sino que es también prenda de la mujer. Esto cuestiona la argumentación teológica paulina, obligándonos a matizarla. De todas formas, ello no conduciría automáticamente a las mujeres al sacerdocio o a la presidencia de asambleas litúrgicas. La Iglesia llama o no, en nombre de Cristo, al ministerio sacerdotal propiamente dicho, actuando independientemente de argumentaciones"45.

Se observará que todos estos estudios tratan sobre la ordenación sacerdotal de la mujer y no de grados inferiores o ministerios no ordenados. De ellos se hablará a continuación. Antes, con todo, creemos poder afirmar que determinadas actitudes cerradas sobre este particular comienzan a ser lentamente desplazadas. Así, por ejemplo, la de aquellos teólogos que aseveran más o menos explícitamente ser de derecho divino la exclusión de la mujer del sacerdocio46, o la más discreta, que otorgaba a la misma tesis la calificación escolástica de teológicamente cierta47. Naturalmente que no faltan todavía teólogos opuestos por principio y tradición a cualquier innovación en esta materia48. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

De ahí, que sea más fácil comenzar el estudio sobre grados ordenados inferiores, como el diaconado, o simplemente por otros ministerios que ciertamente no suponen ordenación sacramental. En esta última línea marcha, por ejemplo, el coloquio internacional, organizado por la institución Pro mundi vita, que tuvo lugar en Lovaina en septiembre de 197349. En la primera, en cambio, se sitúan tanto el coloquio internacional de París de marzo de 197450 como la investigación que, por encargo de la Sede Apostólica, ha realizado poco después, a comienzos de octubre del mismo año, una subcomisión de la Comisión Teológica Internacional. Los resultados de esta investigación están protegidos por un secreto especial. Al parecer, no hay suficiente acuerdo entre biblistas y eclesiólogos sobre el verdadero alcance de la sacramentalidad del diaconado. Por esto, la opinión de la subcomisión permanece indecisa. Esperemos que, cuando consiga mayor claridad, saque también a luz los resultados de sus investigaciones.

49 Pro Mundi Vita, Les nouvelles formes de ministère dans l'Eglise, Bruxelles, 1974. página 100.

50 J. URDEIX, Ordenación de las mujeres al diaconado, Phase núm. 83 (1974), pp. 412-414

51 GRYSSON, R., Il ministero della donna nella chiesa antica, Roma, 1974, p. 206.

Entre tanto, se han publicado obras muy valiosas sobre diversos aspectos del problema. Así, la del conocido teólogo belga R. Grysson, que tras examinar históricamente las fuentes bíblicas, canónicas y teológicas hasta el siglo VI de nuestra era, llega a la siguiente conclusión:

"Desde el punto de vista doctrinal, es perfectamente admisible confiar a la mujer un ministerio de tipo diaconal. Así lo hizo un notable sector de la Iglesia, durante varios siglos, sin que ello supusiese problema de orden teórico. Las mujeres-diáconos recibían una verdadera ordenación que en nada se distinguía formalmente de la de sus colegas masculinos"51.

Estas investigaciones de tipo fundamentalmente histórico se completan con las opiniones emitidas desde una vertiente predominantemente dogmática. Así, es notable la unanimidad de los tres teólogos consultados sobre el particular con motivo del Sínodo Interdiocesano de la República Federal Alemana aún en curso.

Dice así el P. Y. Congar, O. P., miembro de la Comisión Teológica Internacional, tras exponer los pros y contras de un diaconado sacramental femenino: RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

"La admisión de la mujer al diaconado sacramental es posible, dogmáticamente hablando. Durante siglos existió tal diaconado. Lo confirman serias razones. Habría, sin embargo, que subrayar que, con esto, no se toca el problema de la exclusión de la mujer del sacerdocio, aunque no pueda asegurarse que ésta sea una ley de derecho divino"52.

52 Y. CONGAR, OP., Gutachten zum Diakonat der Frau, Synode 7 (1973), p. 27.

53 P. HÜNERMANN, Gutachten zum Diakonat der Frau, Synode 7 (1973), p. 31.

54 K. RAHNER y H. VORGRIMMLER, Diaconia in Christo, Freiburg/B (Herder), 1962.

55 H. VORGRIMMLER, Gutachtcn über die Diakonatsweihe für Frauen, Synode 7 (1973), páginas 35-36.

Lo mismo afirma el profesor de Münster, P. Hünermann53.

Finalmente, el profesor H. Vorgrimmler, que junto con Karl Rahner, S. J., había preparado anteriormente una importante obra sobre el diaconado54, contesta de esta forma a la pregunta que le había sido formulada:

"Para la comprensión dogmática del problema, podría ayudar la observación de que, en la Iglesia latina, se conocieron mujeres actuando en ministerios diaconales y de otro tipo, como pertenecientes a 'órdenes' precisas. Se puede, pues, sin más, caracterizar el diaconado como "orden mayor" sin atribuir por eso al diácono una participación sacerdotal. La ordenación sacramental otorga una pertenencia al 'orden mayor' sin que pueda fundarse por ella una pertenencia al sacerdocio. ... Admitidas semejantes aclaraciones que, por supuesto, significan la restricción al sacerdocio de la Eucaristía y la Penitencia, tal cual siempre estuvo vigente en la Iglesia católica, entonces no se puede decir que quede argumento alguno serio de índole dogmática o histórico-dogmática contra la ordenación diaconal de la mujer"55.

Los textos aducidos no pueden ser más explícitos.

Nuevas situaciones pastorales y ecuménicas

Durante los Sínodos episcopales de 1971 y 1974, ya citados, ha aparecido inequívocamente a la faz de toda la Iglesia la existencia de una situación pastoral y evangelizadora en muchos aspectos nueva.

Nos referimos a numerosos testimonios de obispos, procedentes de muy diversas partes del mundo, como Latinoamérica, África, Asia y algunos países de Europa, que informaban agradecidos a toda la Asamblea sinodal sobre la colaboración de mujeres en la evangelización. No se trata de una ayuda esporádica u ocasional, sino de la administración ordinaria de varios sacramentos: bautismo, eucaristía y matrimonio; la proclamación del RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

mensaje: catequesis, liturgias de la palabra y enseñanza de la teología y, finalmente, de otras actividades asistenciales parroquiales como las de hospitales, servicios fúnebres, etc. Se precisó ampliamente que algunas religiosas, por ejemplo, incluso actúan literalmente como "vicarios pastorales" al frente de parroquias, organizando la pastoral de conjunto de acuerdo con los obispos.

Algunos teólogos han querido ver en el hecho del ejercicio ordinario de estos ministerios por mujeres el preámbulo de un cambio radical en la praxis casi bimilenaria de la Iglesia. Otros, excesivamente optimistas, han llegado a afirmar que tales situaciones casi equivalen a un verdadero reconocimiento ministerial sacramental56. Finalmente, hay quien sugiere la creación de nuevas formas ministeriales "intermedias", que, en su momento, podrían favorecer cambios más radicales57.

56 Esta parece ser la opinión de N. LOHFINK, Die Entscheidung ist längst gefallen. Pubiik, 3 (1970), núm. 8, p. 23.

57 J. MOINGT, "Les ministères dans l'Eglise", Etudes, 337 (1972), pp. 271-291. También: L'Avenir des ministères dans l'Eglise. Etudes, 339 (1973), pp. 129-141; 249-261; 441-456.

58 TH. MAERTENS, o. c, p. 195.

De nuevo en este punto nos parece equilibrada la opinión de Th. Maertens:

"Una evolución de este género pediría mucho tiempo. Podría, pues, comenzarse modestamente por conceder a la mujer los ministerios que le otorgaba ya la Iglesia primitiva y que, por lo demás, ya existen en la actualidad (catequesis, hospitales, etc.). Sólo les falta el mandato que haga de ellos verdaderos ministerios estructurales eclesiales y que unan el cuerpo con la cabeza. Puede que un día la mujer acceda a ministerios más elevados. Sólo la Iglesia tiene que decidirlo"58.

Algo, con todo, debería quedar patente. La escasez de clero no es ni puede ser una argumentación teológica.

Lo mismo podría afirmarse, salvada la debida analogía, sobre el posible rumbo que este asunto pueda tomar en las Iglesias cristianas no católicas. Es sabido que, hasta ahora, los ortodoxos se mantienen en una praxis rígida, sustancialmente idéntica a la católico-romana. Los anglicanos, en cambio, parecen orientarse hacia una dirección pragmática, a veces conflictiva, debido a su dependencia de los metodistas liberales, por una parte, y, por otra, a no querer lesionar en lo más mínimo con medidas unilaterales el progreso del auténtico ecumenismo. Esto les inclina, por RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

principio, a soslayar cambios bruscos en cuestiones delicadas, que podrían transformarse de hecho en nuevas dificultades para la unión con ortodoxos y católicos.

Semejante reparo no se presenta, por el contrario, en el seno de otras confesiones minoritarias, que actúan con mucha mayor independencia, aunque a veces no exenta de conflictos. Finalmente, las Iglesias protestantes de origen europeo siguen teniendo algunos reparos teóricos contra la ordenación femenina, pero en la práctica son muy liberales y están lejos de preocuparse por seguir una conducta homogénea al respecto59.

59 No podemos entrar ahora en este tema, que pediría un estudio mayor. Véase: Documentación Concilium, "La mujer en el ministerio de las Iglesias cristianas no católicas", Concilium, núm. 34 (abril, 1968), pp. 166-183. Conseil Mondial des Eglises: L'ordination des femmes, Genève, 1964; BAM BARAGLIA, What is ordination coming to?, Genève (World Council of Churches), 1971.

Esta compleja situación de los ministerios femeninos en las Iglesias cristianas constituye para la Iglesia católica un "signo" rebosante, como tantos otros, de profunda ambigüedad. Si cualquier decisión unilateral innovadora sería recibida indudablemente con extremada reserva e incluso con distanciamiento por parte de la Autoridad Primada de Roma, un intercambio de nuevos planes y, sobre todo, su posible fundamentación teológica y bíblica, son seguidas por el Vaticano con el mayor interés.

El problema de la emancipación de la mujer y su inevitable proyección religiosa hacia una posible inserción femenina en ministerios eclesiales y sacramentales, constituye hoy día un signo sin duda difícil, pero que hay que descifrar. En él puede aletear el Espíritu de Dios, indicando un rumbo capaz de renovar evangélicamente la faz de la tierra.

Conclusiones

Del estudio histórico-dogmático realizado, creemos pueden inferirse las siguientes conclusiones:

1. El Concilio Vaticano II, siguiendo la inspiración del Papa Juan XXIII en la Encíclica Pacem in Terris, reconoce en el movimiento de la emancipación femenina un "signo de los tiempos" que hay que saber recoger, analizar e interpretar. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

2. Este nuevo clima eclesial, fomentado por la creciente importancia apostólica del seglar en la Iglesia y por la revisión del Derecho Canónico vigente, provocan una corriente de opinión eclesial, que tiende a la derogación de la legislación discriminatoria entre ambos sexos y al planteamiento de la igualdad de responsabilidades eclesiales, tanto masculinas como femeninas.

3. El problema de la accesión de la mujer a los ministerios eclesiales, incluidos los sacramentales del diaconado y presbiterado, surge como una consecuencia espontánea del cambio de mentalidad y se ve ayudado por la crisis de vocaciones sacerdotales de los últimos tiempos.

4. Simultáneamente comienzan a manifestarse peticiones de grupos cristianos a sus Iglesias locales, de éstas a la opinión pública eclesial y a la Iglesia Primada de Roma, para que se efectúe una profunda revisión de la legislación en este punto. Esas peticiones son muy diversas, tanto en su valor eclesial como en sus planteamientos, equilibrio formal y madurez teológica. Generalmente responden a minorías especialmente concienciadas de Alemania Federal, Francia, Países Bajos, Canadá y los Estados Unidos de Norteamérica. Sin embargo, no pueden considerarse aún como movimientos verdaderamente populares dentro de la Iglesia universal.

5. La petición oficial más importante, lo mismo que el planteamiento Jerárquico más explícito en orden al estudio de la revisión de la legislación canónica actual y en la praxis de la Sede Apostólica, se realiza en el Sínodo Episcopal Romano de 1971.

6. Todas las actitudes antedichas reflejan el impacto de estudios teológicos más profundos, aunque de diverso valor. Por lo general, todos ellos someten a examen a los argumentos tradicionales que, en su gran mayoría, son totalmente descalificados. Se reconoce, con todo, que el asunto es complejo y difícil de solucionar por la simple investigación histórico-dogmática.

7. Los estudios teológicos dedicados al diaconado sacramental parecen converger hacia la conclusión que nada se opone a la admisión de la mujer a esta "orden mayor", ni desde el punto de vista dogmático ni desde el histórico. Se espera, pues, que el problema comience a ser planteado en este terreno. RAZÓN Y FE. Tomo CXCI. 1975.

 

8. Las respuestas dadas, directa o indirectamente, por la Sede Apostólica a semejantes interpelaciones son hasta ahora alternantes. Por una parte, se han producido determinados gestos oficiales, más llamativos que profundos (nombramiento de auditoras conciliares y sinodales, admisión de mujeres en las Congregaciones Vaticanas, creación y puesta en marcha de una Comisión especial para el estudio de estos problemas). Otras medidas, sin embargo, son menos llamativas pero empalman con una línea de profundidad (encargo a la Comisión Teológica Internacional de una investigación sobre el diaconado femenino). Jurídicamente, se continúa en una línea tradicional, a veces incluso regresiva.

9. Las situaciones eclesiales de hecho han avanzado mucho más que todas las teorías. Debido fundamentalmente a la falta de clero, son muchas las Iglesias locales donde se sigue una política de tolerancia o incluso de autorización explícita para que la mujer desempeñe de forma ordinaria determinadas funciones ministeriales, no sacramentales, hasta ahora secularmente reservadas al varón. Esta situación no puede ya apellidarse provisional". Más bien, según ha aparecido en Sínodo Episcopal de 1974, tiende a estabilizarse y extenderse a todo el ámbito de la Iglesia católica. Aunque no se trate en ningún caso de un 'mandato sacramental" en sentido estricto, semejantes actuaciones ministeriales están creando una sensibilidad nueva, tanto en la Jerarquía como en el Pueblo de Dios, que podría ser decisiva de cara a nuevos planteamientos y aun cambios esenciales en la praxis eclesial.

10. La evolución de este mismo problema de los ministerios femeninos en las Iglesias cristianas no católicas, sin significar ningún sentido normativo y, en algunas ocasiones, hasta dificultando la situación ecuménica, constituye, sin embargo, un dato interesante a examinar, también por parte de la Iglesia católica.

MANUEL ALCALÁ, SJ

N. B.—El presente estudio reproduce, en forma resumida, una investigación, que aparecerá en el volumen-homenaje a Karl Rahner SJ., publicado por la Universidad de Comillas-Madrid: Teología y mundo contemporáneo. Madrid (Cristiandad) 1974.

 


Publicado por tabor @ 21:45  | Eclesiologia del Vat. II
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