Martes, 26 de mayo de 2020
Un escrito del año de inicio del Concilio 1962.
RAZÓN Y FE. Tomo CLXVI. 1962. CONCILIO (pp. 145-148)
También ha podido entenderse que no cabe esperar como resultado del Concilio novedades espectaculares, cuales han sido propuestas con demasiado desconocimiento de causa en algunos comentarios de la gran prensa. Se trata de lograr una puesta al día de la Iglesia, en sustancia, de las mismas instituciones que existen ya, aunque readaptadas a las condiciones del hombre moderno. No pueden esperarse muchas modificaciones que alcancen en importancia, por ejemplo, a la modificación del ayuno eucarístico recientemente hecha, o a la creación de los Institutos Seculares. Pero aun sin tales espectacularidades ni innovaciones RAZÓN Y FE. Tomo CLXVI. 1962. sensacionales es de desear y esperar que se logre una renovación profunda de la vida interior de la Iglesia, en su espíritu y en sus instituciones, para que todo responda mejor a la misión que hoy en día debe cumplirse. Una vez abierto el Concilio pueden ya entreverse puntos delicados en esta su segunda fase: la de realización. Dentro del Concilio mismo será muy delicado el establecer los procedimientos de trabajo; pues de que éstos procedan con uno u otro sistema, puede depender hasta qué punto quienes han tenido en sus manos la preparación inmediata del Concilio continúen teniéndolo también en ellas en su fase de realización con los consiguientes límites para la iniciativa de los Padres en proponer temas y problemas, o para la libertad en discutirlos y solucionarlos. Será importantísimo saber hasta qué punto los Conciliares querrán actuar —siempre bajo el Romano Pontífice— con la plenitud de derechos que como a "Padres del Concilio" les corresponde; lo que podría traer como consecuencia que el Concilio salga un poco de las manos que hasta ahora lo han tenido y de los cauces que éstas le han construido. En el ambiente exterior del Concilio será punto muy delicado el de sus relaciones con la opinión pública. Se ha suscitado y cultivado intensamente una enorme expectación en todo el mundo; pues todo él se ha percatado de que una Asamblea que rige á más de 500 millones de hombres, de verdadero influjo en la sociedad internacional contemporánea, puede marcar directrices decisivas sobre la civilización actual. Esa opinión quiere ser informada. Los órganos de información se han aprestado a montar ingentes servicios de reportaje en torno al Concilio. La dificultad surge al pensar que los directivos de tales órganos, y cuantos de ellos esperan información no se habrán dado cuenta suficiente de las características excepcionales de una Asamblea conciliar. Allí los Padres, aunque testigos de sus respectivas Iglesias, no son simples mandatarios de ellas; actúan con autoridad magisterial propia: son los Maestros y los Pastores, no sometidos a las exigencias y dictámenes de una opinión pública, ni siquiera de la interior de la Iglesia misma. Por otra parte, los acuerdos, aunque precedidos de votaciones, no tienen el mismo significado que en otras Asambleas, donde una mayoría de votos representa la mayoría de los mandatarios e impone su voluntad. Aquí el acuerdo tiene otro significado muy distinto. Tampoco el temario que se desarrolle, sea dogmático o disciplinar, está al alcance de la opinión pública, quizás ni siquiera de los informadores mismos. Todo ello hace que para los responsables de la RAZÓN Y FE. Tomo CLXVI. 1962. información por parte del Concilio surjan problemas delicadísimos muy difíciles de resolver: o se daña a la reserva debida en el desarrollo del Concilio, exponiéndose a sustanciales incomprensiones por parte de la opinión pública, o se defrauda a la expectación en ésta suscitada. En un punto parece haberse adelantado más de lo que en los primeros momentos podía esperarse con cierto fundamento: en lo relativo a la unión de las Iglesias. Digamos, desde luego, que por mucho que se haya adelantado, todavía hace falta mucho tiempo y mucho trabajo para llegar a salvar las diferencias existentes. Pero, por otra parte, se ha visto que ha llegado el momento de plantear en el terreno real el problema de la unión de las Iglesias; y se ha comenzado a entrever la posibilidad de abrir cauces por donde se llegue a la unión, cuales pueden ser, en lo propiamente doctrinal, el pleno desarrollo de la doctrina referente a la Constitución de la Iglesia —Cuerpo Místico de Cristo, relación del Primado Romano con los Obispos, relación de toda la Jerarquía, especialmente magisterial, con la comunidad de los fieles, especialmente en lo que atañe a la fe de la Iglesia, etcétera—; y, a su vez, la Sagrada Escritura, ya que ésta es base común para todas las comunidades religiosas de carácter cristiano. Llegamos al Concilio Vaticano II cuando justamente conmemoramos la última fase del Concilio Tridentino (1562-1563). En buena parte, el proceso entonces iniciado —aunque con profundas alternativas en los caminos seguidos— parece querer culminar ahora, con una renovación total de la vida de la Iglesia —tan fructuosamente entonces iniciada tanto en la cabeza como en los miembros—, para salvar tas diferencias que entonces tan profundamente quedaron marcadas en el seno de la Iglesia de Cristo.

Publicado por montehoreb @ 9:57  | Viviendo el Concilio
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